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DOMINGO / AMIA, la pista iraní y el pacto de la discordia
sábado 21 julio, 2018

Una gran conspiración

Este miércoles se cumplieron 24 años de la bomba que destruyó la sede de la AMIA, cuyas esquirlas aún lastiman a la sociedad. En La explosión, Horacio Lutzky reflexiona sobre la trama oculta detrás del atentado y cuenta una de las dolorosas historias. En Memorándum, Daniel Berliner explica los entretelones del acuerdo con Irán y revela un diálogo con el fiscal Alberto Nisman, quien denunció a Cristina y a Héctor Timerman.

Horacio Lutzky / Daniel Berliner

Atentado a la AMIA: ocurrió el 18 de julio de 1994. Saldo de 85 muertos y 300 heridos. Foto: Cedoc

El plan para construir una historia falsa

A diferencia de la inmensa mayoría de los casos de terrorismo internacional, los autores materiales jamás fueron identificados y los casos no fueron esclarecidos, pese a que en las primeras horas las señales del origen eran claras. La mecánica misma de los ataques quedó bajo un cono de sombra, merced a la contaminación del escenario y a la sistemática destrucción de las evidencias efectuada por las fuerzas de seguridad e inteligencia, actividad a la que se plegaron numerosos funcionarios políticos y judiciales, todo bajo una voluntad concertada por los gobiernos de la Argentina, los Estados Unidos e Israel.

Tanto el primer ataque contra la sede de la Embajada de Israel como el segundo contra la mutual judía amia, en la historia oficial fueron atribuidos difusamente a lejanas autoridades de la República Islámica de Irán, sin las pruebas de la actividad criminal realizada a nivel local, en la Argentina, y mediante el fácil recurso de acudir a incomprobables y direccionados informes de inteligencia, que responden a intereses geopolíticos coyunturales y que son realizados sin los mínimos controles judiciales propios de los sistemas democráticos.

La investigación del primer atentado fue inexistente, y la del atentado a la AMIA es, desde la foja 1, el más increíble muestrario de la actividad delictiva de funcionarios y personajes influyentes argentinos, encaminada a limpiar las huellas y las evidencias y a construir una historia falsa para cerrar el expediente y dar una “explicación” a la sociedad.

Así fue que, desde los primeros días, se promovió un “desorden organizado”. Se tiraron, con grandes palas mecánicas y sin ningún tipo de control, los escombros y restos generados por la explosión en un descampado al borde del Río de la Plata; se omitió preservar la zona del desastre del ingreso de decenas de personas sin identificar; se plantaron pistas falsas que eran luego “halladas” de noche y sin testigos; se perdieron elementos probatorios recolectados en las primeras jornadas; se borraron grabaciones de intervenciones telefónicas a sospechosos, mientras simultáneamente se “perdieron” las transcripciones –por duplicado– obrantes tanto en la Secretaría de Inteligencia del Estado (side) como en la Policía Federal (muchas de ellas habían sido realizadas a diplomáticos iraníes antes y después del atentado). Se quemaron cintas de filmaciones. Se suspendieron escuchas judiciales y allanamientos programados, sin razón ni explicación. Se coaccionó a testigos para que callaran y a otros para que mintieran y, a uno de ellos, el preso Carlos Telleldín, se le compró una declaración falsa por casi medio millón de dólares. Llamativamente, ante esta brutal tarea de remoción de evidencias y desvíos intencionales, el reducido grupo de directivos de la comunidad judía atacada, lejos de denunciar el atroz encubrimiento que se perpetraba ante sus ojos, se sumó en forma muy activa al grupo de tareas que ocultó lo sucedido.

Motivos muy graves y muy oscuros están detrás de la política de Estado que encabezó semejantes maniobras de encubrimiento. Esos motivos, notablemente, también implican a directivos de las en­tidades atacadas, cuyos intereses son muy distintos de los de los familiares de los muertos. (...)

Jaime, el maestro

Jaime era una persona muy respetada en la Amia por sus conocimientos y su incansable capacidad de trabajo. Lo consideraban un erudito, muy versado en el estudio de la Cábala y de los místicos judíos, pero también de Borges y los clásicos universales, y con conocimientos muy amplios de tradición, cultura y religión. Estaba terminando una obra con enseñanzas morales para escolares. Pero al mismo tiempo vivía interesado por cuestiones más prosaicas y mundanas como el fútbol y el humor, y por las largas conversaciones filosóficas de café con amigos y conocidos, o con cualquier compañero de trabajo en la amia, donde estaba a cargo del Departamento de Cultura.

Aída recuerda que más de una vez volvió de su trabajo antes del horario habitual. “Tuvimos que evacuar el edificio por una amenaza de bomba”, le dijo a Aída cuando ella regresó de hacer compras en el almacén casher y mientras le ofrecía un mate. “Moishes de mierda, van a volar por el aire”, le contó que amenazaron en un llamado anónimo. “Un día de estos nos van a reventar de verdad”, le dijo.

Recuerda especialmente un diálogo:

—Hace una semana llamaron para decir que el coronel Mohamed Seineldín y el movimiento carapintada van a terminar con la sinarquía judía, que nos preparemos para morir –le contó el marido.

Ella le recriminó no haberle contado antes.

—¿Para qué, para preocuparte? ¿Podemos hacer algo acaso?

—Me imagino que reforzaron la custodia policial, ¿no?

—Sí, claro. ¿Viste el patrullero ese que parece destartalado, ese que nunca movieron y que está descompuesto y abandonado a unos metros de la entrada? Bueno, en ese auto, que ni luz tiene y que parece una carcasa vacía, duerme un “cana”, o a veces dos. Parece que después de las amenazas les ordenaron que, por lo menos, después de ir a comer la pizza, la siesta digestiva la hagan en el patrullero, que para algo lo pusieron allí. Los caraduras van a tomar el cafecito al bar Caoba, que está cerca, para no caminar demasiado, su estado físico no se lo permite. Tanta pizza y facturas engordan a cualquiera, hay que entender.

—Jaime, Jaime, ¿nunca se puede hablar en serio con vos?

—Pero sí, mujer, si es en serio…

Mientras Aída recuerda la conversación que tuvo con su marido unos meses antes del atentado, suena el teléfono.

Es Bernardo Rojman, el mozo de la amia que sobrevivió a la explosión y el derrumbe. Llama para saber cómo está la viuda de su admirado maestro de la vida, que tantas anécdotas y enseñanzas le regalaba cada vez que le llevaba a su oficina en el cuarto piso un “tei con límene” por la tarde, o alguna ensalada para almorzar si el maestro decidía comer algo allí mismo.

Muchos de los empleados que siguen trabajando en la sede central de la comunidad judía son sobrevivientes del atentado. Hay quienes perdieron seres queridos en la explosión, desde amistades hasta hermanos o hijos. Las veces que volví a la nueva amia, me resultaba impactante verlos caminar por los pasillos del edificio reconstruido sobre los escombros del anterior.

Conocía a varios de ellos desde años atrás, cuando daba mis primeros pasos en el periodismo comunitario y en ocasiones concurría a cubrir aburridas conferencias de prensa para medios judíos, organizadas por alguna comisión de la institución, que a modo de compensación solían ser acompañadas con algo para tomar y algunos bocaditos de comida casher. Acostumbraba a hablar con algunos de esos empleados tanto para obtener chismes y datos sobre las internas que siempre existen, como para publicar algo picante y atractivo. (...)

 


 

La ‘absoluta soledad’ de Nisman

Alberto Nisman conocía el manejo con los medios, era hábil, y después de tantos años al frente de la fiscalía sabía mover con inteligencia las fichas del periodismo. Cualquier noticia respecto de la causa AMIA proveniente de su fiscalía necesitaba del apoyo periodístico; era un importante complemento de su trabajo y cada novedad publicada se convertía en un importante registro que él administraba y atesoraba como una parte más de su trabajo.

El sabía perfectamente lo que significaba el rebote de sus anuncios en los medios, era casi obsesivo, seguía minuto a minuto todas las publicaciones y generalmente lo hacía junto a su personal de la fiscalía, especialmente con sus secretarias, y si algo estaba mal publicado no dudaba en levantar el teléfono y, a los gritos si era necesario, exigía que se modificara lo que estaba mal difundido. Era muy meticuloso en la lectura y el análisis de lo que se publicaba sobre su persona y su trabajo.

Por eso, nadie mejor que él sabía lo que significaba para el mundo su denuncia contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y contra el canciller Héctor Timerman. Era un paso que jamás había dado en su vida y dimensionaba perfectamente el impacto que causaría en los medios de comunicación al día siguiente.

En nuestras charlas, Alberto venía refiriéndose a esa denuncia desde hacía muchos meses, dudando sobre darla a conocer o no. Sentía que tenía toda la información necesaria y que estaba frente a un momento muy delicado: o lo hacía público o se llevaba la denuncia a su casa sin que nadie se enterara. Si optaba por la segunda alternativa, me confesó, su conducta habría sido “la de un cagón”, y él no se incluía en esa categoría. Por eso tomó la decisión en “absoluta soledad” para que nadie ni nada interfiriera, y me dijo en nuestra última charla poco antes de su muerte que “los cuarenta millones de argentinos tenían derecho a saberlo”. Lo hizo intuyendo o sabiendo que sus días como fiscal de la UFI AMIA estaban contados; lo iban a echar, y no quería irse a su casa sin meter la carpeta contra la presidenta y el canciller.

Poco antes de efectivizar su denuncia por la firma del acuerdo con Irán, me había adelantado que esta se basaba en “la manifiesta inconstitucionalidad [del memorándum], porque viola tácticamente la Constitución, viola todos los tratados internacionales de derechos humanos que han firmado. Es vergonzoso lo que han hecho. Mirá a la conclusión que llegamos: si esto se mantiene, aunque la Comisión de la Verdad [que se debería constituir a instancias de ese acuerdo] nos dé la razón, cosa que descarto que va a ser así, se diluye la causa, desaparece por pequeñas nulidades que se arman. Si esto sigue adelante, tenemos garantizadas sanciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Es gravísimo, se están cagando en todo, están abriendo las puertas para que vuelvan a sancionar al Estado argentino, sin quererlo quizá. Que se hagan cargo de esto, la presidenta es responsable de esto y lo voy a decir –yo lo lamento–, y de Timerman [es] más lo que voy a decir: ‘Señores, no se cansó de mentir. Repito: no de equivocarse, de mentir. […] es un canalla. El otro día me enojé con Dina Siegel [directora para América Latina del Comité Judío Americano] porque habla con él y lo recibe. Ella me dijo: ‘Alberto, pero nosotros no podemos [negarnos a recibirlo]’. A lo que yo le dije: ‘Dina, vos podés hacer lo que quieras, pero dejame en confianza que te diga, yo no recibo delincuentes, por más que tenga una misión, el tipo es un delincuente y te lo voy a demostrar, y te lo estoy adelantando, digan lo que digan. […] Tengo probado que Timerman es un delincuente”.

Alberto sabía que una parte de esa jugada tenía algo de arrojarse al vacío, pero igual tomó la decisión de hacer la denuncia; era a todo o nada. Aunque posiblemente no asumió todos los recaudos necesarios antes de hacerla pública. Por algún motivo se sintió seguro, y tal vez no imaginó que le darían la espalda, le cerrarían las puertas, no le  atenderían los teléfonos y lo dejarían como nunca antes, tan solo.

 


 

Memorándum de entendimiento entre el gobierno de la República Argentina y el gobierno de la República Islámica de Irán sobre los temas vinculados al ataque terrorista a la sede de la AMIA en Buenos Aires el 18 de julio de 1994

1. Establecimiento de la Comisión. Se creará una Comisión de la Verdad compuesta por juristas internacionales para analizar toda la documentación presentada por las autoridades judiciales de la Argentina y de la República Islámica de Irán. La Comisión estará compuesta por cinco (5) comisionados y dos (2) miembros designados por cada país, seleccionados conforme a su reconocido prestigio legal internacional. Estos no podrán ser nacionales de ninguno de los dos países. Ambos países acordarán conjuntamente respecto a un jurista internacional con alto standard moral y prestigio legal, quien actuará como presidente de la Comisión.

2. Reglas de procedimiento. Luego de consultar a las partes, la Comisión establecerá sus reglas de procedimiento que serán aprobadas por las partes.

3. Intercambio de información. Una vez que la Comisión haya sido establecida, las autoridades de Irán y de la Argentina se enviarán entre ellas y a la Comisión la evidencia y la información que se posee sobre la causa AMIA. Los comisionados llevarán adelante una revisión detallada de la evidencia relativa a cada uno de los acusados; la Comisión podrá consultar a las partes a fin de completar la información.

4. Informe de la Comisión. Luego de haber analizado la información recibida de ambas partes y efectuado consultas con las partes e individuos, la Comisión expresará su visión y emitirá un informe con recomendaciones sobre cómo proceder con el caso en el marco de la ley y regulaciones de ambas partes. Ambas partes tendrán en cuenta estas recomendaciones en sus acciones futuras.

5. Audiencia. La Comisión y las autoridades judiciales argentinas e iraníes se encontrarán en Teherán para proceder a interrogar a aquellas personas respecto de las cuales Interpol ha emitido una notificación roja. La Comisión tendrá autoridad para realizar preguntas a los representantes de cada parte. Cada parte tiene el derecho de dar explicaciones o presentar nueva documentación durante los encuentros.

6. Entrada en vigencia. Este acuerdo será remitido a los órganos relevantes de cada país, ya sean el Congreso, el Parlamento u otros cuerpos, para su ratificación o aprobación de conformidad con sus leyes. Este acuerdo entrará en vigencia después del intercambio de la última nota verbal informando que los requisitos internos para su aprobación o ratificación han sido cumplimentados.

7. Interpol. Este acuerdo, luego de ser firmado, será remitido conjuntamente por ambos cancilleres al Secretario General de Interpol en cumplimiento a requisitos exigidos por Interpol con relación a este caso.

8. Derechos básicos. Nada de este acuerdo pondrá en riesgo los derechos de las personas, garantizados por ley.

9. Solución de controversias. Cualquier controversia sobre la implementación o interpretación de este acuerdo será resuelta por medio de consultas entre ambas partes.

Firmado el 27 del mes de enero del año 2013 en la ciudad de Adis Abeba, Etiopía, en dos ejemplares, en los idiomas farsi, español e inglés. En el supuesto que hubiere una disputa sobre la implementación prevalecerá el texto en inglés.

Por la República Islámica de Irán: Alí Akbar Salehi Ministro de Relaciones Exteriores.

Por la República Argentina: Héctor Timerman Ministro de Relaciones Exteriores y Culto.


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