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COLUMNISTAS / Opinión
domingo 20 enero, 2019

Campaña eterna

Se transformó un gobierno abierto y expansivo en otro resistente.

por Luis Costa

Mauricio Macri buscará la reelección en 2019. Foto: Cedoc

La campaña de Cambiemos la presidencia en 2015 logró ser un collage fantástico de promesas. Nunca se trató de una sola cosa, de, por ejemplo, detener al kirchnerismo, sino de una exposición amplia y abierta de temas maravillosos. Cambiemos había encontrado un recurso discursivo estupendo, donde su propio nombre servía como ejecución de una invitación: “¿Y si cambiamos?”. Se hablaba de educación, rutas, cloacas y agua, inflación, jubilados y pobreza; todos encadenados en una secuencia imbatible.

Ese set de ideas tuvo después su tríada casi religiosa en tres promesas concretas: pobreza cero, terminar con el narcotráfico y unir a los argentinos. Aunque la gestión de su gobierno no ha dado muchos indicios de éxito, reflejado en una inflación casi descomunal, el aumento de la pobreza y problemas con el empleo, ha existido un cuidado meticuloso y casi imperceptible de sostenimiento de esos mensajes. Cambiemos nunca se ha desconectado de 2015 y en eso hay parte del secreto de su competitividad.

El modo en que se expresan los funcionarios permite detectar que el tono de la campaña no ha desaparecido del todo y que será de nuevo protagonista en la actual campaña para este año de elecciones. Decir la verdad era, como contraste con el pasado político reciente, una de las promesas y que hoy se cumple con creces en los reportes de los índices de pobreza y desocupación. No queda claro si es verdad que es por culpa de ellos o del kirchnerismo, pero los valores son expuestos en su crudeza. Los valores de pobreza no son los de “pobreza cero”, cada día un poco más lejos del cero, pero el hablar de la pobreza tanto en sus números como en la importancia de seguir en el proceso por su disminución, conecta el día a día, aunque problemático, con los lemas de campaña.

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En un video se expuso por estos días cómo aviones de la Fuerza Aérea perseguían a una avioneta proveniente de Paraguay. Al final del video una placa con fondo azul exponía el logo del Ministerio de Defensa, dejando en claro que se trataba de una pieza de propaganda gubernamental para conectar con otra de sus promesas de luchar contra el narcotráfico. En estos tres años se ha insistido con recurrencia en los anuncios de acciones contra el tráfico de drogas en donde la ministra Bullrich y la gobernadora Vidal y su ministro Ritondo han protagonizado anuncios televisivos que exponían en noticieros cientos de paquetes de diferentes tipos de estupefacientes. Ellos entienden que cada presentación en público de este tipo ejecuta un directo calmante a su electorado que necesita sentir que su voto sigue teniendo sentido. No es en los resultados económicos donde el Gobierno se ilusiona en subsistir, sino en el contacto meticuloso y casi imperceptible con los mensajes ya antiguos de campaña, pero tan necesarios para la clase media.

Una tercera promesa se ha expuesto con mayor dificultad y es tal vez la que necesita pagar las consecuencias de todo lo que no sucedió. Lo de “unir a los argentinos” está siendo entregado como material de intercambio para sostener las culpas y la rivalidad con el kirchnerismo. En un spot de 2015 Macri decía a los votantes de Scioli que “aunque estemos en veredas diferentes, todos queremos lo mismo”, algo que cuesta encontrar en el mismo tono durante su mandato. Más bien han prevalecido las ideas de “palos en la rueda” o “los que quieren volvernos al pasado” como los causales de la crisis, imponiendo una retórica incesante y sin pausa del conflicto abierto y necesario con el kirchnerismo. El tiempo en el poder lo ha vuelto más agresivo.

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Este último elemento permite detectar al mismo tiempo una modificación en la estrategia. De una gestión que abría en varios planos su agenda de trabajo, como por ejemplo el Plan Belgrano o la reconversión productiva, a un gobierno más corto y de resistencia. De la lluvia ilusionada de inversiones a la meta desesperada y dependiente del déficit cero, han transformado a un gobierno abierto y expansivo en otro resistente y cotidiano en sus problemas.

Lo atractivo en la revisión del material de comunicación que ellos producen muestra que la gestión de los problemas diarios ha ido en simultáneo con un cuidado meticuloso de contar señales y noticias que conecten con las promesas originales. Estarán seguramente ya muy preparados para el proceso electoral, porque en realidad nunca dejaron la campaña. La gestión es lo de menos.

*Sociólogo.


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