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PROPUESTAS Y DEBATES

Si el próximo gobierno no arranca abriendo el cepo es probable que fracase

El país no tiene futuro con el cepo cambiario y ningún plan de estabilización podrá prosperar mientras persista. Es fundamental eliminarlo lo antes posible.

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2015. Diez minutos antes de abrir el cepo, el 17 de diciembre. | Sturzenegger

Cuando le preguntaban a John Von Neumann, probablemente el matemático más genial de la posguerra, acerca del uso de las armas nucleares, solía responder: “Si me preguntás si deberíamos usar nuestras armas nucleares contra Rusia mañana, yo diría ¿por qué no hacerlo hoy? Si me preguntás si hoy a las cinco de la tarde, preguntaría ¿por qué no a la una?”

Aunque Von Neumann se equivocó en ese caso particular (las bombas no se lanzaron y la estrategia resultó exitosa), la referencia sirve para ilustrar que existen decisiones que no deben demorarse. En el caso de la Argentina, esto aplica a la necesidad de deshacerse del cepo cambiario. Es fundamental eliminarlo lo antes posible. El país no tiene futuro con el cepo cambiario y ningún plan de estabilización podrá prosperar mientras persista. En estas líneas intentaré argumentar que, si el próximo gobierno no desmantela el cepo en el arranque de su gestión, sus probabilidades de éxito quedarán seriamente comprometidas. Veamos.

El cepo actúa como un impuesto a las exportaciones y un subsidio a las importaciones. Podría describirse como una sustitución de importaciones a la inversa, es decir, un programa de “estímulo a las importaciones”. Personalmente, nunca creí en los programas de sustitución de importaciones, pero estimularlas se me hace igualmente o aún más difícil de aceptar. Visto así, el cepo es un impuesto a los sectores más productivos de una economía y con mayor posibilidad de crecimiento debido a su acceso al mercado internacional. Denominarlo “locura” parece una gentileza.

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Peor aún, mientras rija el cepo, no habrá inversiones de fuste en Argentina. Tanto Vaca Muerta como otros recursos energéticos y mineros quedarán sin explotar. Es imposible pensar en el desarrollo de cualquier industria mientras existan dificultades para repatriar dividendos. Es por estas razones que, según un análisis de Carmen Reinhart, una de las economistas más respetadas en las finanzas internacionales, las economías con cepo crecen a menos de la mitad de la tasa que las economías sin cepo.

¿Cómo se justifica el cepo? Muchos creen que es necesario para controlar la inflación. Discutí este punto en mi columna del mes pasado, donde expliqué que el tipo de cambio no genera la inflación (correlaciona con ella, pero no la causa). De cualquier manera, si el objetivo es controlar la inflación, el cepo no parece ser muy eficaz, ya que los países con cepo tienen las tasas de inflación más altas del mundo. De los veinte países con mayor inflación, tres cuartos tienen cepo.  

Lo que sí hace el cepo es crear la oportunidad de repartir rentas: un funcionario puede entregar a 250 lo que en el mercado vale 500. La oportunidad de corrupción es inmensa. No por nada los países que tienen cepo integran la infame lista de la corrupción. Por ello, nos codeamos en este selecto grupo con Argelia, Angola, Burundi, República Democrática del Congo, Eritrea, Etiopía, Irán, Laos, Líbano, Libia, Malawi, Maldivas, Mozambique, Myanmar, Nigeria, Santo Tomé y Príncipe, Sierra Leone, Somalia, Sudán del Sur, Sri Lanka, Sudán, Surinam, Venezuela, Yemen y Zimbabwue.

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Lo que estos países tienen en común es la corrupción galopante. En un índice de corrupción, sólo uno de estos países (Santo Tomé y Príncipe) se encuentra en la mitad con menor corrupción. El resto se ubica sólidamente en la mitad de mayor corrupción. Si tenemos cepo es porque algo tenemos en común con estos países o, al menos, eso pensarán los inversores que evalúan nuestro país.

Lamentablemente, muchos de mis colegas, aun no disintiendo con todo lo dicho hasta acá, dicen que el cepo no se puede levantar. Se argumenta que la demanda de dinero está inflada y que abrir el cepo produciría un salto en el tipo de cambio y la inflación. Personalmente, descreo de este argumento. Hoy en día, los argentinos si no quieren pesos hace rato lo han convertido a dólares, bienes reales o lo que fuere. La demanda de dinero actual es un 20% inferior a la que había cuando abrí el cepo en diciembre de 2015. Puede haber algún efecto, pero no puede ser significativo. También se dice que el problema radica en los flujos de dividendos y las importaciones pasadas. Lo mismo se decía cuando levanté el cepo en 2015. Pero la realidad resultó ser la contraria. Las importaciones se habían anticipado tanto que, cuando unificamos, no hubo demanda de dólares.

Sin embargo, más allá de estos riesgos de implementación, el problema central radica en que mantener el cepo implica que el Gobierno no confía en su propio programa fiscal y monetario. Lo que garantizará la estabilidad del tipo de cambio luego de la eliminación del cepo es la capacidad de comunicar que la política monetaria propenderá a la estabilidad de la moneda y que la política fiscal se ordenará. De no levantar el cepo, el Gobierno estará diciendo que no puede ofrecer esas garantías. Sería un gobierno que arranca su mandato expresando dudas sobre su propio programa. Difícil pensar que luego pudiera construir credibilidad a partir de ese mensaje inicial. Mantener el cepo indicaría que el nuevo gobierno comienza sin un plan monetario y fiscal creíble. Así, perderá tiempo que luego deberá recuperar desde el complicado punto del escepticismo propio. Asimismo, mientras el cepo persista, será imposible atraer las inversiones necesarias. Un inversor que tenga que hundir billones lo pensará dos veces antes de hacerlo bajo la tutela de un gobierno que eligió convivir, más no sea inicialmente, con el cepo. Si lo consideró útil en algún momento, ¿qué garantías hay de que no volverá a imponerlo?

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En su libro, Libertad como Desarrollo, Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, plantea la idea de que el desarrollo es libertad: libertad para amar, leer, decir, creer y transaccionar. Las sociedades que no son libres son menos atractivas y, por ende, menos desarrolladas. Según Sen, el parámetro para medir el progreso de una sociedad no son las riquezas materiales, sino las libertades efectivas. En este sentido, la eliminación del cepo (que debería acompañarse de la derogación de la ley penal cambiaria) representaría un gran avance en nuestras libertades efectivas, porque abre la posibilidad de ahorrar o de decidir qué moneda usar de manera más libre. Y recordemos que la posibilidad de ahorrar es la posibilidad de invertir.

Obviamente, para el presidente del Banco Central que libere el cepo, la acción conlleva un riesgo, ya que, si no logra generar confianza, la liberación podría dejarlo expuesto. Sin embargo, ese riesgo individual no debería ser motivo suficiente para no implementar una movida beneficiosa para la sociedad en general. Tampoco tendría miedo. Lo digo por experiencia propia: abrir el cepo es la acción más gratificante que un economista puede implementar en su carrera; y si no puede ofrecer un programa monetario consistente, abrir el cepo será el menor de sus problemas.

*Profesor plenario Universidad de San Andrés, y profesor visitante en Harvard Kennedy School y HEC, París. Ex presidente del BCRA.