CULTURA
Enigma literario

El Manuscrito Voynich, el libro más misterioso del mundo que lleva casi seis siglos sin ser descifrado

A pesar de que especialistas de diversas ramas analizaron el volumen, entre ellos el FBI y el servicio de inteligencia británico, el idioma en que está escrito sigue sin ser descubierto.

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Códice Voynich. | Twitter @AraceliRego

Considerado por algunos como el libro más misterioso del mundo, el Manuscrito Voynich lleva casi seis siglos siendo una de las mayores incógnitas de la historia. A pesar de tener una extensión de poco más de 200 páginas, las ilustraciones y escritos allí presentes son un enigma para cualquiera que intenta leerlo. Investigadores, doctores en idioma antiguos, criptógrafos, historiadores, servicios de inteligencia británicos y el FBI son algunos de los que intentaron, sin éxito, darle sentido al contenido de la obra.

A pesar de datar del siglo XV, el enigma del Manuscrito Voynich (también llamado "Código Voynich" o "Códice Voynich") comenzó en 1912, cuando fue redescubierto por el comerciante de libros raros Wilfrid Voynich, en honor a quien fue nombrado el misterioso texto. El hombre encontró el libro medieval en la biblioteca de un colegio jesuita ubicado en las afueras de Roma y lo compró para exhibir en su librería de Londres, cautivado por la extrañeza de la pieza.

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Voynich se interesó en el ejemplar único debido a que estaba escrito en una especie de código o idioma desconocido. Además, presentaba centenares de dibujos extraños que representaban, entre otras cosas, constelaciones imposibles, plantas que no se pudieron identificar con ninguna especie real, signos astrales, mujeres desnudas e imágenes esotéricas. Su dueño estaba convencido de que el códice contenía conocimientos alquímicos que revolucionarían la ciencia moderna cuando pudiera descifrarse.

"En 1912, durante una de mis visitas periódicas por el continente europeo, me topé con una colección notable de valiosos manuscritos iluminados. Durante muchas décadas estos volúmenes habían permanecido enterrados en el arcón donde los hallé, en un antiguo castillo en la Europa meridional", describió el comerciante según el libro El Manuscrito de Voynich. Un enigma sin resolver, escrito por Gerry Kennedy y Rob Churchill.

 

"Un texto mágico o científico": las características del manuscrito

No solo su contenido es un enigma, sino también lo es la apariencia del escrito. El manuscrito es un libro de aproximadamente 236 páginas, algunas irregulares ya que son más grandes que el tamaño estándar y se pueden plegar hasta dos o tres veces. Asimismo, se sospecha que faltan unos catorce folios.

El escrito exhibe una amplia variedad de elaboradas ilustraciones "tan desconcertantes como hermosas" que aún no se pudieron descifrar y un total de 37.919 palabras con 25 letras o caracteres distintos, también desconocidos hasta el día de hoy. Se barajó la posibilidad de que se tratase de alguna lengua oriental, del sánscrito, del tamil e incluso un lenguaje inventado. Sin embargo, ningún estudio logró esclarecer ese misterio.

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Algunas de las páginas son más grandes que las otras y pueden plegarse.

Sus hojas están hechas de vitela (una especie de pergamino delgado y durable realizado con la piel de becerros nacidos muertos) y se encuentran numeradas, aunque se cree que los dígitos fueron escritos por un propietario posterior del manuscrito y no su autor original. Gracias a una prueba de carbono 14 realizada en 2009 por un equipo de la Universidad de Arizona, se determinó que el volumen fue elaborado entre los años 1404 y 1438.

En cuanto a su tamaño, es de 22 centímetros de alto por 15 de ancho, y cuenta con un grosor de cinco centímetros. El códice, además, presenta una portada hecha de pergamino de piel de cabra (colocada por alguno de sus dueños posteriores ya que data de los siglos XVIII o XIX) sin ninguna indicación de su origen, es decir, sin mencionar título de la obra, autor o año de creación.

Manuscrito Voynich
Portada del manuscrito Voynich, la cual no fue colocada por su autor original.

"Descrito como un texto mágico o científico, casi todas las páginas contienen dibujos botánicos, figurativos y científicos de carácter provincial pero vivo, dibujados en tinta con aguadas vibrantes en varios tonos de verde, marrón, amarillo, azul y rojo", detalla la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale, lugar donde se encuentra el manuscrito en la actualidad.

A partir de las características de las ilustraciones, la institución dividió el volumen en seis secciones:

♦ Parte I. Sección Botánica: 113 dibujos de especies de plantas, flores, hojas y bulbos no identificados; acompañados de textos detallados de cada parte de dichos vegetales.

♦ Parte II. Sección Astronómica y Astrológica: 25 diagramas que incluyen cartas astrales con círculos radiantes, soles y lunas; símbolos del zodíaco (peces -Piscis-, un toro -Tauro- y un arquero -Sagitario-); mujeres desnudas que emergen de tuberías o chimeneas, y figuras cortesanas.

♦ Parte III. Sección Biológica: gran cantidad de dibujos de desnudos femeninos en miniatura, la mayoría con vientres abultados y caderas opulentas, sumergidos o vadeando en fluidos e interactuando de manera extraña con tubos y cápsulas interconectadas.

♦ Parte IV. No tiene sección definida: compuesta por una elaborada serie de dibujos de nueve medallones relacionados con la cosmología al estar plagados de estrellas, que representan posibles formas geográficas.

♦ Parte V. Sección Farmacéutica: dibujos de carácter botánico, con más de cien especies de hierbas y plantas medicinales, representadas con frascos o vasijas en rojo, azul o verde. Cada ilustración está acompañada de un presunto texto explicativo.

♦ Parte VI. Texto Ininterrumpido: páginas continuas de texto, posiblemente recetas, con flores en forma de estrella marcando cada entrada en los márgenes.

 

La difusa cronología de los dueños

La historia sobre los distintos dueños del manuscrito también es un misterio debido a que posee algunos huecos temporales. El primer dato sobre su existencia se remonta a 1580, cuando el emperador Rodolfo II de Habsburgo, muy interesado en las ciencias ocultas, la magia y las rarezas de todo tipo, compró el códice por 600 ducados, una elevada suma para la época.

Se cree que el vendedor fue el astrólogo, matemático y aficionado al ocultismo inglés John Dee. Al respecto, según el hijo de Dee, su padre, mientras estuvo en Bohemia, poseía "un libro… que no contenía nada más que jeroglíficos, libro al que dedicó mucho tiempo: pero no pude escuchar que él pudiera descifrarlo".

El matemático consideraba que el códice era un trabajo de Roger Bacon, filósofo y estudioso en los campos de la alquimia, astrología y lenguas. Sin embargo, Roger vivió en el siglo XIII, mientras que el escrito se originó en el siglo XV.

Wilfrid Voynich
Wilfrid Voynich, quien redescubrió el libro en 1912.

A lo largo de los siglos XVI y XVII, el libro fue entregado a distintos eruditos que intentaron descifrar el contenido del texto. Según se reconstruyó, el emperador le habría dado el manuscrito al alquimista Jacobus Horcicky de Tepenecz, información basada en la inscripción visible solo con luz ultravioleta en el primer folio del escrito que dice: "Jacobi de Tepenecz".

El códice también pasó por las manos del bibliotecario imperial Georg Barsche y el profesor de la Universidad de Praga, Johannes Marcus Marci, entre otros. Uno de sus últimos dueños registrados fue el jesuita Athanasius Kircher, famoso por intentar descifrar los jeroglíficos del antiguo egipcio, sin éxito en su tarea de resolver el misterio del código.

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El libro posee alrededor de 234 páginas, aunque se sospecha que algunas están perdidas.

Finalmente, Voynich compró el manuscrito del Colegio Jesuita de Frascati, Roma, en 1912. Siete años más tarde, le pidió ayuda para descifrarlo al profesor de filosofía e historia medieval de la Universidad de Pensilvania, William Newbold, quien aseguró descubrir el código, pero luego se contradijo y le atribuyó la autoría a Roger Bacon.

Tras la muerte de su esposo en 1930, Ethel Voynich vendió el libro a un bibliólogo estadounidense, Hans Peter Kraus, que no consiguió descifrarlo ni revenderlo, por lo que terminó donándolo a la Universidad de Yale en 1969. En la actualidad, el códice se encuentra resguardado en el sector de "Libros raros y manuscritos" de la biblioteca Beinecke, y puede ser visto en su totalidad de manera virtual.

 

Los posibles descubrimientos sobre el manuscrito

Diversos especialistas analizaron el material a lo largo del siglo XX con la intención de obtener respuestas sobre su contexto. Criptógrafos de la unidad militar de Estados Unidos, expertos en gliptografía (estudio de las inscripciones sobre piedra) y filólogos fueron algunos de los que intentaron darle fin al misterio. Sin embargo, ninguno tuvo éxito.

Fueron numerosos los métodos que se utilizaron para tratar de descifrarlo. Por ejemplo, se aplicaron técnicas tradicionales, como sustituir una letra por otra o asignarles un valor numérico. También se usaron tarjetas perforadas y programas de computación para tratar de encontrar combinaciones posibles entre los caracteres.

Manuscrito Voynich
El libro está dividido en seis secciones, basadas en sus ilustraciones.

Ante la falta de respuestas, se sugirió que fue escrito en un lenguaje desconocido, al que bautizaron como "voynichés". En ese sentido, la disposición del texto no responde a las normas que rigen la estructura semántica de cualquier idioma debido a que muchas palabras se repiten, siendo que en ocasiones están hasta tres veces en la misma línea y quince en la misma página (por ejemplo "ollcet, ollcetcius, ollcetcius..."). Sumado a esto, carece de signos de puntuación, aunque algunos párrafos son precedidos de estrellas y asteriscos.

No obstante, sí respeta algunas normas formales, como estar escrito de izquierda a derecha. Además, cumple con la llamada Ley de Zipf, que establece que "en las lenguas conocidas la longitud de las palabras es inversamente proporcional al número de veces que aparecen". Es decir, la palabra más común ocurre aproximadamente dos veces más que la segunda palabra más común, tres veces más que la tercera, y así sucesivamente.

Manuscrito Voynich
El texto presenta un total de 37.919 palabras con 25 letras o caracteres distintos.

En esa línea, la reconstrucción caligráfica que se hizo al volumen desacreditaría la idea de que fue escrito en código. Según el análisis, fue escrito por una sola mano. Al respecto, algunos sostienen que fue con la izquierda, con trazo fluido y seguro, con letras homogéneas y muy regulares, prácticamente idénticas y sin un solo error.

Sin embargo, en 1976, el capitán del ejército estadounidense especializado en lenguas, Prescott Currier, demostró que el texto se puede dividir en al menos dos partes diferentes, con diferentes propiedades estadísticas, llamando a cada una "Lenguaje A" y "Lenguaje B", aunque señaló que no tenía pruebas de que se tratara de dos idiomas diferentes. Además, percibió el trabajo de al menos dos manos distintas en la primera parte del libro. En sintonía con sus descubrimientos, el trabajo más reciente de la historiadora medievalista Lisa Fagin Davis, publicado en 2022, identificó al menos cinco manos diferentes.

 

Las hipótesis sobre el contenido y su origen

Son numerosas las hipótesis surgieron a lo largo de los años para tratar de esclarecer el origen o el contenido del manuscrito. Entre las más resonadas, se encuentran las que mencionan que se trataría de un cuaderno de botánica, un libro esotérico o relacionado con la alquimia. Incluso se conjeturó que fuera un tratado de homeopatía, un catálogo de pócimas mágicas, un texto hermético o el diario de un ser de otro planeta.

Dentro de su posible origen, se mencionó a los cátaros; que se trata de una adaptación de un texto ucraniano con letras latinas; que su autor es Leonardo Da Vinci ya que parece escrito por un zurdo y contiene elementos propios del Renacimiento italiano, o que fue escrito por el arquitecto Filarete debido a que aparece el diseño de un edificio similar a la torre del castillo Sforzesco de Milán que él levantó, y unos dibujos que recuerdan a los tubos de desagüe que este arquitecto diseñó para el Hospital Mayor milanés.

Manuscrito Voynich
Algunos de los nombres que surgieron como posibles autores fueron el de Leonardo Da Vinci y el arquitecto Filarete.

En el extremo contrario, hay quienes consideran que no hay ningún mensaje por descubrir y que se trataría de la obra de un falsificador. Al respecto, se especuló que el propio John Dee creó el manuscrito alrededor de 1580 junto a su socio Edward Kelley, que ya había sido procesado en Inglaterra por falsificar documentos, con el objetivo de engañar al emperador Rodolfo II.

Golden Rugg, profesor de Psicología de la Universidad de Reading, fue uno de los exponentes de la teoría de que se trataba de un fraude. Sin embargo, los estudios de carbono 14 revelaron que el libro es anterior a la época en la que se cree que Kelley lo falsificó.

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Otra de las hipótesis más populares surgió de la mano de Gerard Cheshire, investigador británico asociado de la Universidad de Bristol. El académico publicó un artículo en la revista Romance Studies donde expuso que el texto es "un compendio de información sobre remedios a base de hierbas, baños terapéuticos y lecturas astrológicas", centrado en "la salud física y mental de las mujeres, la reproducción y la crianza de los hijos".

Según Cheshire, el manuscrito no estaría escrito en código, sino que se trataría de un idioma y sistema de escritura comunes en la época. Al respecto, sostuvo que es el único texto escrito en proto-romance que sobrevivió hasta la actualidad.

Manuscrito Voynich
Una de las teorías más resonantes es que se trata de la obra de un estafador.

Uno de los últimos avances con la investigación del códice se dio gracias al trabajo de Greg Kondrak, profesor de ciencias de la computación, y Bradley Hauer, un estudiante de postgrado, ambos de la Universidad de Alberta (Canadá). A través del uso de inteligencia artificial, descubrieron que la lengua de escritura más probable es el hebreo.

Lo mismo planteó el egiptólogo alemán Rainer Hannig, del Museo Roemerund Pelizaeus (Alemania). Luego de tres años de análisis del material, el académico aseguró que el idioma de base es el hebreo, a raíz de una conexión que identificó entre ciertos caracteres del Voynich y esa lengua. De esa manera, habría logrado traducir las primeras palabras y algunas oraciones completas, según el medio británico The Art Newspaper.

Sin embargo, el hombre afirmó que "la traducción real del libro Voynich requerirá años de trabajo, incluso si el análisis lo realiza un experto en hebreo que esté familiarizado con el hebreo medieval y con la terminología de los textos médicos y vegetales". En ese sentido, explicó que "los caracteres de las oraciones, la pronunciación familiar, las peculiaridades y vocabulario de la época" causarían "muchos problemas", incluso a los que hablan el idioma de manera nativa.

mb / ds