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OPINIóN / Internacional
martes 10 septiembre, 2019

Señales de alarma para Colombia, ¿comenzó la segunda Marquetalia?

El autor analiza la actual situación de América Latina con respecto al narcotráfico.

por Gonzalo Salimena

GUERRILLA. Muchos pobladores y campesinos deciden dejar sus tierras tras sufrir ataques o amenazas por parte de grupos armados como las FARC, y deciden radicarse en Argentina por su cercanía e idioma. Foto: CEDOC PERFIL.
martes 10 septiembre, 2019

La caída del Muro del Berlín y la desintegración de la Unión Soviética avizoraban para algunos entendidos en el campo de las relaciones internacionales y de la seguridad internacional, un mundo menos conflictivo y peligroso. Uno de los paladines de esta concepción, fue Francis Fukuyama con su obra El Fin de la Historia. Sin embargo, el estallido de una serie de conflictos interestatales e intraestatales étnicos y religiosos en la década del noventa, sumadosa los atentados del 11-S y los posteriores realizados por lobos solitarios y el surgimiento de las denominadas nuevas amenazas tales como el terrorismo global, el crimen organizado internacional y el lavado de dinero, las amenazas al medio ambiente, la proliferación de armas de Destrucción Masiva (ADM) y un conjunto de problemáticas que suelen caer bajo la denominación de “ciberamenazas” supieron poner límites a esa concepción optimista de las relaciones internacionales y volvieron a instalar las problemáticas de seguridad internacional nuevamente al tope de la agenda.

Por estos días América Latina parece estar pasando por un contexto similar, donde el optimismo está dando paso a la prudencia. La región que supo caracterizarse históricamente por numerosos académicos como una “zona de paz”, por su “tradición pacifista” en la resolución de las controversias internacionales y por el valor regional otorgado a la integración, sufre señales de alarma. Hace poco más de un mes atrás, en un video que se dio a conocer a la comunidad internacional, Iván Márquez ex jefe del equipo negociador de las FARC y uno de sus principales ideólogos, emitió un comunicado donde sostuvo que “mientras haya voluntad de lucha habrá esperanza de vencer. Anunciamos al mundo que ha comenzado la segunda Marquetalia, bajo el amparo del derecho universal que asiste a todos los pueblos del mundo de levantarse en armas en contra de la opresión”. La vuelta de las FARC a la insurgencia y la clandestinidad según Márquez fue producto de la “traición del Estado al acuerdo de paz de la Habana” e hizo responsable de ello a “la oligarquía excluyente, y corrupta, mafiosa y violenta”.  En el discurso se hizo mención a un acercamiento con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) como parte de una estrategia de lucha armada conjunta. Esta táctica no es nueva y data de los años ochenta cuando se buscó una alianza estratégica entre ambos, que como es de público conocimiento fracasó por sus diversas estructuras y hoy tampoco goza de garantías de triunfo.

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Cierto es, que para muchos especialistas el anuncio de la segunda Marquetalia, podría pasar de convertirse de una mera utopía a una realidad concreta. Así cuando observamos hoy el pasado reciente, hay datos que no pueden pasarse por alto, como por ejemplo que  Márquez pasó de estar al frente de las negociaciones en Cuba a la clandestinidad (al igual que muchos de los insurgentes que lo acompañan como Jesús Sandrich y Darío Velásquez) y como si fuera poco en enero de este año emitió un comunicado desde el anonimato pronunciándose sobre el error del desarme y sosteniendo que “los fusiles eran la única forma de garantizar que el Estado cumpla lo pactado”.

Por su parte, la dura respuesta del gobierno uribista de Iván Duque no se hizo esperar y llegó a través de un discurso a la Nación en el cual el presidente sostuvo que “los colombianos debemos tener claridad de que no estamos ante el nacimiento de una nueva guerrilla, sino frente a las amenazas criminales de una banda de narcoterroristas que cuenta el albergue y el apoyo de la dictadura de Nicolás Maduro”. Dos elementos se desprenden del discurso que son vitales para interpretar los acontecimientos. Por un lado, las asociaciones que realiza el presidente colombiano y su dirigencia política que vinculan a las FARC con el narcotráfico y el terrorismo en Colombia, las cuales son bien conocidos y datan de la década del ochenta donde ambos actores establecieron una coexistencia pacífica que potenciaba el trabajo conjunto y la extracción de beneficios para solventar su existencia y actividades. Sin embargo la relación beneficiosa no fue siempre lucrativa, ya que hubo regiones en donde la cooperación no era posible y una facción podía disputarle el control territorial y los beneficios de las actividades ilícitas a la otra parte.

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El segundo elemento lo constituyen las reiteradas acusaciones por parte del gobierno colombiano al presidente venezolano Nicolás Maduro, por su apoyo a las FARC y al ELN. El deterioro de las relaciones se remite al año dos mil ocho cuando el gobierno colombiano bombardeo un campamento en Ecuador que produjo la muerte de Raúl Reyes y otros guerrilleros, que condujeron a una severa crisis diplomática en la región y acusaciones cruzadas donde los ex presidentes Hugo Chávez y Rafael Correa fueron acusados de tener vínculos con la guerrilla y sus actividades ilícitas. La relación a partir de allí logró suavizarse por los avances en las negociaciones mantenidas en la Habana. Sin embargo luego de la firma del acuerdo, se iniciaron nuevamente los roces, que alcanzaron uno de sus picos de tensión más trascendentales con el intento de asesinato de Nicolás Maduro con un drone el año pasado, donde se acusó al expresidente Santos de ser el artífice de esta acción.

Finalmente en su alocución se manifestó como posible curso de acción recurrir al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas haciendo referencia a la resolución 1373. Allí se “decide que todos los Estados prevengan y repriman la financiación de todo acto de terrorismo y decide también que todos los Estados se abstengan de proporcionar todo tipo de apoyo activo o pasivo, a las entidades o personas que participen en la comisión de actos de terrorismo, en particular reprimiendo el reclutamiento de miembros de grupos terroristas y poniendo fin al abastecimiento de armas a los terroristas”.

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Lo expuesto hasta aquí nos muestra una región que comienza a mostrar posibles indicadores de conflictividad, que de no ser resueltos pueden implicar un riesgo. Como suele decirse en materia de negociación, quizás sea preferible un mal acuerdo a un NO acuerdo. En términos de las relaciones internacionales y la seguridad internacional, acaso sea mejor una paz negativa a una nueva guerra de desgaste con un destino incierto pero con numerosas víctimas de ambos lados.


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