domingo 20 de junio de 2021
PROTAGONISTAS Entrevista
21-01-2021 00:05

Rocío García Demarco, la cordobesa que nació para ser aviadora militar

Tiene 25 años y es Alférez de la Fuerza Aérea Argentina. La única mujer, de un total de 19 egresados, que culminó la última edición del Curso Básico Conjunto de Aviador Militar.

21-01-2021 00:05

Son dos fotos que la muestran acompañada de ese hombre que es su padre. En una con apenas un año y medio de edad, en la otra siendo adolescente. Diferentes momentos de la vida, pero siempre el mismo amor incondicional y el contexto: jornadas de puertas abiertas de la Escuela de Aviación Militar en Córdoba. La escuela que vería egresar a Rocío García Demarco un 12 de diciembre de 2017 con el uniforme de oficial de la Fuerza Aérea Argentina. El destino que marcó el hombre de las instantáneas, Daniel García, y esas aeronaves, elementos esenciales de una escenografía, compuesta por hangares y pistas, que fue casi un hogar para ella.

“Mi papá es Suboficial Mayor retirado, mecánico de aeronaves, entonces puedo decirte que desde que tengo uso de razón lo veía irse a trabajar y estar al lado de los aviones. Era él quien me cuidaba muchas veces y me llevaba a la Escuela de Aviación, debido a que mi mamá trabajaba. Así que ver ese amor y ganas que ponía cada mañana, hiciera frío o calor, hubiera lluvia o sol, su forma de ser, los valores y enseñanzas que teníamos en casa, me hizo abrazar a la Fuerza Aérea y con los años entender que era ser militar. Todos dicen que desde muy pequeña dije que quería ser piloto, con el tiempo ese sueño fue creciendo hasta que, hace algunos meses, se hizo realidad”, relata Rocío.

Rocío García Demarco - Piloto de la Fuerza Aérea Argentina

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Nació un 14 de septiembre de 1995 en Córdoba capital con los aviones siempre presentes, “Viví en el barrio aeronáutico, justo enfrente de la escuela hasta la adolescencia”, nos cuenta. “Crecí viendo aviones, no de combate precisamente sino entrenadores, mi papá era mecánico de (aviones) Mentor y ese es mi mayor recuerdo, siendo sincera es un avión que me hubiera gustado volar por lo que significa para él”, agrega.

— ¿Cuándo y cómo fue tu ingreso a la escuela de oficiales de la Fuerza Aérea?

— Durante el 2013 me preparé para el ingreso al mismo tiempo que cursaba sexto año. Ese año nos presentamos a rendir el examen intelectual unos 600 jóvenes en distintas sedes del país, la mayor cantidad fue en Escuela de Aviación en Córdoba. Durante dos días rendimos los exámenes de matemáticas, Inglés, lengua y literatura, física e Historia. Días más tarde nos enviaron la noticia de quienes habían ingresado, quedando seleccionados 200 candidatos a cadetes que nos presentamos en febrero del 2014 a realizar el período de candidatos. En estas fechas nos realizaron todos los estudios médicos necesarios, rendimos pruebas de aptitud física, abdominales, flexiones de brazos, correr (Test de Cooper), prueba de velocidad y, por último, de nado. Con todo esto cumplido tuvimos una semana de "introducción a instrucción militar" que finalizó con una entrevista personal con el director de la escuela. Finalmente quedamos 140 cadetes de primer año que nos presentamos el 10 de marzo, a los que se nos unieron cadetes extranjeros.

En la Fuerza Aérea Argentina (FAA) los cadetes que cursan estudios para ser oficiales ingresan con un Escalafón General o sea que durante los cuatro años todos asumen las mismas materias académicas, educación física e instrucción militar. Pudiendo elegir en el área de deportes una escuadra para practicar una actividad física determinada, dos veces a la semana: natación, pentatlón militar, atletismo, boxeo, básquet, fútbol, entre otros.

Rocío García Demarco - Piloto de la Fuerza Aérea Argentina

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En todas las fuerzas armadas se utiliza la expresión ”aspirantes” cuando sueñan con ingresar a la carrera y “cadetes”, mientras están cursando los años necesarios para obtener su primer grado militar. En el caso de la FAA, ese primer escalón, grado, es el de Alférez.

La joven oficial Demarco siempre tuvo en claro que su especialidad en la fuerza aérea iba a ser la de piloto, pero para eso primero tenía que llegar al Curso Básico Conjunto de Aviador Militar (CBCAM).  

Aire, Técnico y General, son los escalafones específicos de los que un Alférez dispone terminados los cuatro años en la escuela que se encuentra a unos 20 kilómetros del centro de la ciudad de Córdoba. Pero antes deben presentarse a una entrevista con la junta de especialidades y dependerán de cupos que son establecidos para cada promoción en particular. En todo esto es gravitante el orden de mérito final obtenido al egreso de la carrera (lo que, en un aspecto más amplio, conforma la “antigüedad”).

Los futuros aviadores militares tienen, a su vez, que escoger entre las tres especialidades avanzadas: caza, transporte o helicóptero. Rocío eligió ser helicopterista. “Un sueño que nació ya dentro de la escuela, desde la primera vez que me subí a uno quise serlo”, nos explica.

—¿Cómo es el tema del cupo en fuerza aérea para el Curso Básico Conjunto de Aviador Militar (CBCAM)?

— Cada año hay un cupo de 25 oficiales de egreso que realizan el curso y, generalmente, cinco suplentes. En mi promoción fuimos 30 alféreces, de los cuales al finalizar dos etapas del curso quedaron los 25 primeros.

El término “conjunto” significa que pueden participan las tres fuerzas armadas: ejército, marina y fuerza aérea. El curso comenzó a darse en el 2007 y, según nos informa la oficina de prensa de Fuerza Aérea, desde el ingreso de la mujer al cuerpo de comando de la Fuerza Aérea a través de la Escuela de Aviación Militar, desde el año 2001, han llegado a ser aviadoras militares no más de una decena.

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Aproximadamente se presentan entre 100 y 200 mujeres a los exámenes de ingreso a la Escuela de Aviación Militar, de las cuales aprueban, aproximadamente, el 10%. Luego de cuatro años, no todas desean hacer el curso de aviador militar, incluso hay promociones que no tienen personal que haya querido seguir esa rama. Es por ello que las pilotos militares son tan pocas.

— ¿Qué fue lo que más te costó en el CBCAM?

Creo que lo más difícil está en el inicio, adaptarse al ritmo de lo que corresponde al curso en sí. Uno llega con un montón de ilusiones y de pensamientos, o incluso con experiencias de otros, pero para cada persona en sí es diferente. Es muy exigente y a medida que se avanza, que se adquieren conocimientos, te produce tener más responsabilidades para la preparación de los temas, briefings (planificaciones) diarios, los cambios de sistema, etc. En sí creo que la dificultad está en el inicio. Y si me preguntás en lo que respecta a la parte de vuelo, lo que me resultó más complicado fue el patrón de Formación, aunque también corresponde a uno de los más lindos”.

Rocío García Demarco - Piloto de la Fuerza Aérea Argentina

— ¿Qué exigencias físicas e intelectuales tiene el curso?

Esta pregunta es bien amplia. En lo físico todo apunta a mantener un estado que te permita manipular una aeronave y soportar una hora o más de vuelo. Aunque la actividad física en este medio, también es una forma de relajación y despeje de la rutina diaria.

En lo que respecta a lo intelectual se dictan materias de carácter aeronáutico, las cuales se deben aprobar en al menos un 70%. Para cada sistema de armas que se esté por comenzar a volar hay que realizar una habilitación. Te obliga a estudiar tres áreas claves de la aeronave, que se deben conocer de memoria y a la perfección, que son: material y equipo, operaciones de avión e instrucción aérea.

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Todas las mañanas tiene lugar un briefing donde se aborda un tema de carácter general y luego una emergencia al azar. Previo a cada vuelo, se hacen reuniones con cada instructor donde se tocan los temas que tendrán lugar en el vuelo y consultas que puede realizar el instructor para ver la preparación del alumno. Todo lo que tiene lugar en un vuelo se realiza en continuidad de pasos y acciones que hay que conocer completamente. Estas materias se aprueban con un mínimo de 85% y considerando que luego son tu pan de cada día. Los vuelos son calificados y para aprobarlos se necesita, como mínimo, de un 70%.

Al finalizar un capítulo de vuelo todo alumno rinde una inspección en la que demuestra todo lo que aprendió y, lo más importante, que puede realizar todo por si solo. Esta inspección al igual que los vuelos se aprueban con un mínimo de 70%.

Un capítulo de vuelo o patrón son las diferentes secciones o materias, eminentemente prácticas, que se deben aprobar durante el CBCAM, que en su última edición tuvo como protagonista a Rocío y otros 34 participantes, de los cuales solo 19 obtuvieron el brevet para la FAA.

Rocío García Demarco - Piloto de la Fuerza Aérea Argentina

— ¿El ser mujer te acreditó algún tratamiento especial durante el curso?

El trato es para todos igual en la Fuerza Aérea. Tu condición de mujer no implica un tratamiento especial. Los días en el curso eran iguales para todos, rendíamos los mismos exámenes, teníamos las mismas clases, las exigencias dentro de los vuelos eran iguales y al finalizar los capítulos de vuelo nos reunían a todo, y nos especificaban que iban a tener en cuenta los inspectores para dar por aprobada o desaprobada una inspección. Es un curso en un ámbito militar – subraya - no existen diferencias y espero que eso permanezca así. Ahí se forman los aviadores que, Dios no lo permita, tendrán que ir a una guerra a pelear por su país, sea cual su especialidad avanzada”. Y agrega, “Y si hablamos de la relación con mis compañeros, los conozco hace siete años, siempre fue muy buena. Fuimos un curso bastante allegado. Siempre nos apoyamos y ayudamos entre todos. El día a día es mucho más llevadero y fácil cuando hay camaradería de la buena.

Rocío García Demarco - Piloto de la Fuerza Aérea Argentina

— Y en esta elección de ser piloto, ¿qué hay con el miedo?

Nunca me hice consciente del peligro, es algo de la vida diaria. En cualquier trabajo hay riesgos y esta carrera se hace con amor y mucho sacrificio.

Los cadetes de la Fuerza Aérea Argentina experimentan el vuelo durante su período de estudio, como parte de la materia denominada Volovelismo, donde se utilizan planeadores que son remolcados, y en el programa PES que evalúa las capacidades psicomotrices de cada individuo utilizando un simulador de vuelo. Instancias que, en definitiva, determinan quien tiene pasta de piloto.

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Rocío voló por primera vez en “vuelo paquete” (como acompañante) en un avión biplaza de entrenamiento Grob G-120 TP. El piloto, recuerda, “fue un Capitán que después sería del grupo de instructores del CBCAM”. 

En cuanto a aeronaves, durante el curso utilizó, en el inicio, Grob G-120TP y finalizó en un monomotor turbohélice Beechcraft T6-C Texan II, un entrenador de nueva generación, que permite cubrir un espectro de instrucción básica hasta un nivel operacional avanzado. Además, de 40 horas de vuelo por instrumentos en un entrenador terrestre Frasca, de origen estadounidense.

La actividad de la última edición del CBCAM se vio afectada, como todo durante la pandemia por el coronavirus, de una manera seria, prolongando los tiempos de instrucción por reprogramación sin fechas ciertas. Una incógnita que Rocío y sus compañeros de arma supieron asumir y superar.

Rocío García Demarco - Piloto de la Fuerza Aérea Argentina

— ¿Qué significa para vos volar? ¿Con qué compararías la sensación de estar en el aire?

Es una sensación inexplicable. Hacer este curso no es fácil para nadie, pero una vez que el avión despega te das cuenta que tanto esfuerzo vale la pena, las horas de estudio, prácticas y repetir procedimientos para lograr un objetivo que es, diariamente, un vuelo a la vez.

La Alférez Rocío Demarco actualmente tiene como destino la VII Brigada Aérea, en Moreno (Buenos Aires) donde este año espera realizar el Curso Conjunto de Pilotos de Helicópteros (CCPHEL) en Campo de Mayo.

Cuando le preguntamos qué helicóptero le gustaría pilotear, responde “me gustaría volar el Bell 212, pero obviamente que aspiro a llegar al 412, en algún momento”.

Ambos sistemas de armas están presentes en la FAA como parte del Escuadrón I Bell 212/412 de la VII Brigada Aérea de Moreno (Buenos Aires).

De aquel helicóptero que sirvió de fondo para una foto con su padre teniendo un año y medio, un Hughes OH-6 Cayuse, matrícula H36N, a este presente que encuentra a Rocío aceptando todos los desafíos necesarios para volar cada vez más alto. 

hv / ds