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Aniversario

Las muertes de Perón

El contexto internacional y nacional del regreso de Juan Domingo Perón.

Juan Domingo Perón 2021116
Rregreso de Juan Domingo Perón del exilio, el17 de noviembre de 1972 | CEDOC-TELAM

Contar con la fecha casi exacta de la muerte de Juan Domingo Perón era un dato clave en los 70 tanto para la izquierda como para la derecha peronista. Se agregan los factores de poder que estaban fuera de alguna identidad política, y que temían un gobierno populista o que Perón sea manipulado por jóvenes contrarios al sistema. Los bandos enfrentados calificaban la presencia de Perón; para unos era el conductor que venía a completar la revolución inconclusa (no solo antiimperialista) y para otros era el único que podía torcerle el brazo a los rebeldes.

Perón, en su retorno definitivo, había girado, dentro del circuito ideológico que disponía, en un proceso que iba de la resistencia en el exilio a lograr la paz en Argentina. Se apoyó en la derecha, buscando el orden institucional: y quedó la izquierda peronista sin su cobertura desde que él llegó. Los peronistas reproducían en el sindicalismo, el PJ, y la militancia barrial, sus diferencias mientras el líder observaba la propagación del conflicto y su descontrol.

Había un contexto internacional que influía en los alineamientos. La existencia del tercer mundo, la guerra fría, el guevarismo eran realidades con personalidad propia y que conquistaron el pensamiento de generaciones de jóvenes que esperaban cambiar el mundo. Se pensaba que la violencia era realmente la partera de la historia, y la experiencias preexistentes de lucha armada, alentadas por Cuba, Libia y otros; convertían el deseo en lo posible.

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Las últimas horas de Juan Domingo Perón y su multitudinaria despedida

Las diferencias se agravaron ante el desembarco de Perón. Antes tuvo que resolver el dilema sobre el retorno porque incumplía uno de los principios de la guerra que el mismo había advertido. “Hay un principio, o una regla de conducción, que dice que el mando estratégico no debe estar jamás en el campo táctico de las operaciones, porque allí se siente influido por los acontecimientos inmediatos, toma parte de ellos, y abandona al conjunto”. Perón invadió el campo táctico y tomó posición por la derecha para equilibrar a las organizaciones armadas que tenían su propia capacidad de fuerza y se independizaban de su conducción.

La vuelta definitiva se hizo sobre el marco de afirmación democrática de la Hora del Pueblo y bajo el gobierno delegado a Héctor J. Cámpora en un contexto de conflicto que escalaba hacia una guerra civil y cuyo ensayo general fue el 20 de junio en Ezeiza. Como derivación de la Hora del Pueblo se produce el simbólico abrazo con Balbín, como una contrafigura de las grietas internas, la necesidad de pacificación y la acentuación democrática.

El gobierno del 73 fue la transición que unió la manipulación de Lanusse para evitar que Perón fuera candidato; y la profundización de la lucha interna. Cámpora, posiblemente creyó que la Actualización Doctrinaria de 1971 y el aliento del Gral. a las formaciones especiales para hostigar a la dictadura iba a continuar linealmente y no iba a haber rupturas en la secuencia. La dificultad fue comprender la evolución del pensamiento de Perón entre La Hora de los Pueblos de 1968, el largo reportaje de Solanas y Getino en 1971 y el discurso del 21 de junio de 1973 a la noche.

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El contexto nacional e internacional habrían llevado a Perón a ese desenlace, que con severidad militar leyó al día siguiente a su llegada. Algunas frases son reveladoras: caracterizó la situación como “consecuencia de la posguerra civil”; “No hay nuevos rótulos que califiquen a nuestra doctrina o nuestra ideología. Somos los que las 20 verdades dicen”. Está claro a quienes iban dirigidas estas advertencias. Para Perón las formaciones especiales eran parte de su estrategia para vencer a la dictadura, y en asegurar su retorno. Una vez logrado, los grupos armados deberían entregar las armas, como prenda de paz. En parte de la izquierda peronista asomaba una pregunta crucial. ¿Acaso declinando las armas la derecha iba a dejar de aniquilarnos?

Una hipótesis que ha circulado indica que Perón observó muy atentamente la situación regional y mundial en el momento del regreso. Ya en La Hora… señalaba: “Las ideologías han sido superadas y el dilema ha dejado de ser comunismo o capitalismo para pasar a ser liberación o neocolonialismo. Cuando los imperialismos capitalista y comunista se repartieron el mundo, nacía en el mundo el mismo germen de la liberación por la que hoy se lucha en todas partes. La lucha por la liberación es igual en Polonia, Hungría o Bulgaria que en la Argentina, Brasil o Francia, no interesa el signo bajo el cual se la realiza“. O sea, aparece una acentuación sobre la transversalidad del colonialismo y la no concentración critica en el modo de producción capitalista.

Se producen desplazamientos ideológicos; por un lado Perón reafirma la lucha anticolonial, mientras la Tendencia avanza con la bandera de la liberación social añadida a la nacional, lo que desembocó en la “Patria Socialista”. Entonces, en enero del ´74 el órgano oficial del ERP ; Estrella Roja, interpelaba al peronismo “No hay tercera posición entre explotadores y explotados” ; considerando a Perón como un nacionalista burgués.

En el cambio de posición seguramente, también influyó por su cercanía el escenario regional que reflejaba una América Latina dividida y en disputa. Con gran ingerencia de la guerra fría - sobre todo de los EE.UU - en el devenir político de A.Latina y el Caribe.

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Los gobiernos de Allende en Chile, el de Lara en Ecuador y el de Juan Velazco Alvarado en Perú, expresaban de modos diversos y hasta contradictorios, aspiraciones de cambio y transformación que afectaban los intereses hegemónicos de los EEUU. En cambio, en Brasil, Bolivia, Uruguay, el partido militar local era aliado a la estrategia dominante.

Entre las diversas interpretaciones sobre Perón, notable estratega, es que él lograría la paz necesaria para la gobernabilidad, surgida de la reunión de la confitería Nino. El 25 de noviembre de 1972, en ese restaurante, Perón reunió a representantes de 28 partidos políticos, incluidos los provinciales.

Solicitando que hubiera representantes de la CGT y la CGE ratificando el triángulo productivo; Capital, Trabajo y Estado. No participaron la Sociedad Rural, la Asociación de Bancos ni otras cámaras empresarias con excepción de aquellas que defienden el capitalismo nacional industrial. Así, quedó consagrada la "Hora del Pueblo", un encuentro multipartidario, encabezado por el peronismo y el radicalismo, con el fin de restaurar la paz y la democracia. Hoy esta experiencia, tiene una gran actualidad en relación de la profunda crisis que atravesamos.

El 23 de septiembre de 1973 Perón gana las elecciones con el 61,86% de los votos, dos días después caída acribillado el líder sindical, en que más confiaba Perón: José I. Rucci. Un símbolo por su cercanía y por su liderazgo en la burocracia sindical, principal adversario de la Tendencia.

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Perón con Rucci

Es indudable la gran expectativa que había generado la posibilidad de, ahora si, votarlo sin exclusiones. No hay duda, que las esperanzas eran varias, algunas propias del peronismo y otras de un sector de la población que esperaba que con Perón se aseguraría la paz entre los argentinos.

El acto del 1° de mayo de 1974, tuvo un desenlace esperado y no sorpresivo. La Tendencia y Montoneros ya no tenían la capacidad de movilización que habían tenido. La pelea con Perón, le fue restando base social.

Luego de su muerte se abrió una corta transición en que la gobernabilidad cayó en un vacío facilitando el camino al terrorismo de Estado. Cada sector peronista hace su propia lectura de lo que fue y de lo que es Perón. Para unos su ciclo de vida pública está ampliamente cumplida; y para otros, hay una deuda pendiente sobre lo que no terminó.

RR / ED