OPINIóN

De Montoneros a The Beatles, la música de los políticos

Victoria Tolosa Paz habla de “opereta”; el Pro, de “cambio”; y Patricia Bullrich musicaliza su presentación con “The Beatles”. No es fácil inventar un nuevo género musical que supere las "armonías" de los ’60 y neutralice los acordes disonantes de “la motosierra”.

Get Back The Beatles
Get Back el documental de The Beatles | Cedoc

Axel Kicillof lo dijo con todas las corcheas: la canción sigue siendo la misma. “Me aburrooo…” diría Bart Simpson. 

Las formas de transformar las sociedades y los discursos que buscan darle un sentido a ese cambio evolucionan (o deberían) junto con la misma sociedad. La metafórica apelación del gobernador de Buenos Aires merece una ulterior exploración. Hablemos de música, cambio y canciones.

En 1962 The Beatles publicaron su primer single (Love Me Do) y un año más tarde apareció el primer LP, Please Please Me. La historia de la música popular nunca volvería a ser igual. Después de publicar álbumes como chorizo y más de una polémica (como cuando Lennon dijo en Estados Unidos que ellos eran “más populares que Jesús”), los cuatro de Liverpool dejaron de tocar en vivo y se encerraron en los estudios para componer algunos de los discos más exquisitos de la música popular: Revolver, Rubber Soul,Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, Abbey Road, The White Album y Let it Be.

Todo lo que vino después de The Beatles está marcado por eso que pasó entre 1965-1970, desde el glam hasta el sinfónico, pasando por el heavy, el nacional, la disco, el punk, la new wave, el grunge, el postpunk, el britpop y Taylor Swift. Sí, Taylor Swift: “Miro a Paul McCartney y veo cómo ha tenido esta increíble carrera: ha creado un arte incomparable”, dijo hace no tanto la nueva estrella del pop.

 

De los Montoneros a The Beatles

Dos meses después de la separación de The Beatles, los Montoneros irrumpieron en la escena política argentina con el secuestro del General Aramburu. Ni el mejor experto en marketing político podría haber planificado una entrada tan ruidosa y efectiva en el ecosistema de poder nacional. 

La “M” interpeló a una generación fogueada en el Cordobazo con un evento que hoy sería calificado de “disruptivo” y un discurso muy seductor y a tono con los valores de la época. 

Si bien en los meses siguientes la organización quedó descabezada y estuvo a punto de desaparecer, la aceleración de los tiempos políticos con el primer regreso de Perón, la fusión con las Fuerzas Armadas Revolucionaras (FAR) y una gran capacidad de atracción entre la militancia hizo que Montoneros alcanzara su mayor nivel de centralidad política entre marzo-junio de 1973. Podríamos decir que en esos meses, durante la primavera camporista, Montoneros entró en los estudios y grabó su Sgt. Pepper's.

El proceso de repliegue y pérdida de centralidad comenzó un año más tarde, quizás el día en que la revista Evita Montonera anunció que la organización pasaba a la clandestinidad. La atropellada retirada y la cruenta persecución y aniquilación de sus militantes, acompañada por el aislamiento de la organización (la famosa “patrulla perdida” de Rodolfo Walsh), duraría hasta la infausta contraofensiva de 1979. 

Todo lo que vino después es postmontonero.

La música de los políticos

En solo diez años -mucho menos si nos concentramos en las épocas de mayor centralidad, entre 1973 y 1975-, Montoneros creó una forma de poner en discurso la política que, en buena parte y a pesar del medio siglo transcurrido, sigue modelando el lenguaje, los diagnósticos y las prácticas de una parte relevante del arco político argentino. Ya sea porque participaron directamente en la experiencia de los años 1970, o porque se referenciaron en ella en la década de 1980 o después del 2001, para esos actores la canción sigue siendo la misma.

Bullrich: "Asumo que estuve en la JP que reivindicaba Montoneros, pero no reivindico la 'generación diezmada"

A un discurso belicoso plagado de conceptos militares, que exasperaba la vieja habla peronista, en los años setenta Montoneros sumó una jerga que todavía hoy aflora en las conversaciones cotidianas, incluso más allá de los sectores a los cuales se dirigía Axel Kicillof. “Es una opereta”, dijo Victoria Tolosa Paz sobre un pedido de información de una diputada macrista al Ministerio de Desarrollo Social. Pocas veces una organización dejó su impronta de manera tan profunda y por tanto tiempo en la cultura política de una sociedad. 

Es un fenómeno extraordinario de persistencia discursiva, el sueño de cualquier experto en comunicación: modelar el lenguaje de una comunidad.

En 1983 Raúl Alfonsín supo renovar el discurso fosilizado de la UCR para interpelar con un nuevo vocabulario a una generación que salía de la dictadura y rechazaba la violencia política. 

Frío saludo entre Larreta y Macri, guiños a Milei y grandes ausencias: lo que no se vio de la presentación del libro de Bullrich

Salvo Javier Milei, la actual dirigencia política argentina insiste en reproducir las canciones de un viejo LP. En una sociedad gaseosa donde los discursos circulan y se consumen de manera acelerada, hasta el relato del “cambio” enunciado en su momento por el PRO suena jurásico. 

En la reciente presentación del libro de Patricia Bullrich De un día para otro, tanto al inicio como al final del acto, estuvieron presentes The Beatles, primero con Here comes the sun y después con Can’t buy me love. OK Boomer.

No resulta fácil inventar un nuevo género musical o crear un estilo sonoro persistente que neutralice los acordes disonantes de la motosierra. Quedan muchas horas de sala de ensayo por delante. Hay que explorar nuevas armonías, otras combinaciones sonoras y poéticas que tengan sentido para una generación que escucha trap en Spotify, se divierte viendo cómo derriban ministerios en TikTok y cuyo horizonte laboral, en el mejor de los casos, tiene la forma de una mochila de Rappi.

* Profesor en la Universitat Pompeu Fabra – Barcelona. Su último libro es La guerra de las plataformas (Anagrama, 2022).