miércoles 28 de septiembre de 2022
COLUMNISTAS atentado a cfk

Subsuelo

17-09-2022 23:55

“No van a poder caminar tranquilos”. Con esta advertencia, Revolución Federal presenta su plan de operaciones con el doble objetivo declarado de que la Argentina no se transforme en Cuba y Cristina Kirchner vaya a la cárcel.

Que la Argentina se transforme en Cuba parece improbable por una razón obvia: desde hace setenta años, el país no ha podido transformarse en nada que algún dirigente, cuerdo o desequilibrado tuviera como modelo; no pudo transformarse en una estable nación latinoamericana, como Uruguay o Chile, que retomaron un camino de progreso social y económico; y, por lo que se ve, hoy están debilitadas las condiciones que hacen posible la democracia.

El desorden en las ideas se origina en la falta de experiencia política en algunos protagonistas actuales de la violencia. Desconfían de los partidos y simplemente los condenan en nombre de ese sentimiento de desconfianza. Pasan por alto la historia de las últimas décadas; no evalúan las consecuencias del accionar de grupos que fueron parecidos y se creen diferentes; los mueve una mezcla peligrosa de improvisación y omnipotencia, como el hoy protagónico Revolución Federal, uno de cuyos fundadores afirma que no conoce a Brenda Uliarte, niega relación con los imputados del intento asesino contra Cristina, y trata de despegarse de un tweet que les pregunta si “lo hicieron bien”.

Los chats muestran el subsuelo intelectual, ideológico y político de los autores del atentado

Quedan las pruebas de que se planificó el atentado a Cristina Kirchner: “Mandé un tipo para que la mate a Cristi”, tal el mensaje que la policía encontró en el celular de la imputada Brenda Uliarte. El fraseo del texto y el hecho insensato de que fuera enviado por celular, instrumento donde hasta los chicos saben que se conservan todas las huellas, muestran el subsuelo intelectual, ideológico y político de los autores del atentado.

La rodada. La Argentina va cuesta abajo. En diciembre de 1983, Alfonsín firmó el decreto de enjuiciamiento a las Juntas Militares de la dictadura, que acompañó con un discurso histórico por su audacia. Lo había prometido en la campaña electoral que lo llevó a la presidencia. Se creó la Conadep, sigla que designa la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas, y un año después, en septiembre de 1984, se conoció el Nunca Más.

El Juicio a las Juntas fue una escena inaugural de la democracia y pareció que abría una nueva era. Y, en efecto, la abrió, porque, salvo patéticas excepciones muy minoritarias, como la encabezada, sin mayores apoyos, por Sergio Berni, las Fuerzas Armadas se adaptaron a la reorganización que dio comienzo el general Balza, después de que el Juicio a las Juntas Militares mandara presos a los jefes de la dictadura que llegó en 1976 y terminó en 1983 con elecciones libres, en las que, por primera vez, el justicialismo resultó derrotado y debió aceptar un presidente de la Unión Cívica Radical. Raúl Alfonsín prometió y cumplió el juicio a los militares violadores de derechos humanos, que fue único y ejemplar en toda América Latina. La Argentina puede enorgullecerse de una experiencia fundadora en términos éticos y políticos.

Sorpresas. Sin embargo, aquel país de 1983 ha cambiado. Entonces se trataba de la incorporación a la democracia de quienes habían apoyado las experiencias violentas de los años anteriores. Hoy todo eso parece haber pasado al olvido, ya que las naciones no son cuidadosas historiadoras de su propio pasado. Y, por otra parte, la realidad social y cultural ha cambiado. La pobreza traza su mapa, donde se encuentran buenas razones a la rebeldía; y nuevas cuestiones ocuparon lugares prioritarios, desalojando recuerdos y experiencias que, para los jóvenes, son muy lejanas.

Es peligroso el caldo en el que se cocinó el ataque a Cristina, con el típico rechazo fascista a la política

Por eso no es sorprendente el atentado contra la vicepresidenta. No lo previmos, porque es difícil capturar, en tiempo presente, las consecuencias de cambios culturales e ideológicos, que provienen de las transformaciones sociales, el desempleo, que origina una nueva marginalidad, el hacinamiento en barrios precarios donde se vive día a día, como se puede, o como lo permitan los subsidios. El sentimiento de “estar al margen de todo” desencadena la cólera en actos no previstos, que llevan a cabo quienes, como los del intento de matar a Cristina, ni viven al margen ni son pobres.

La pobreza le da razones a los que piensan que sus actos pueden ser una solución mágica y sanadora. No son los pobres los que encuentran esas razones, sino los que contemplan la pobreza o la injusticia y se sienten héroes salvadores. Los responsables del atentado son un grupo que juzga falsa e inútil a la oposición política y, por eso, recuperan métodos que parecían perdidos.  La Argentina atrasa hasta en el terrorismo.

De todos modos, los responsables del atentado no hablan en nombre de los pobres, sino que eligen un elenco de responsables de lo que condenan y nombran a los “emprendedores” entre sus víctimas. Jonathan Morel, jefe del grupo de Revolución Federal, le dijo a Página/12 que el Gobierno es comunista y socialista y que los emprendedores no tienen quien los represente.

Extremismo formal. Acusar de comunista a quien se considera el enemigo ha sido siempre un tema de la ultraderecha. Se la dio por desvanecida y enfrascada en sus obsesiones, pero no se tuvo en cuenta que la desesperación puede ser, como lo fue en otros países, el caldo de cultivo de minorías voluntaristas, dispuestas a jugar por afuera del sistema ético y político, aunque lo hagan en nombre de la política y la moral públicas.

El país no solo está en pedazos: debajo de ellos hay pequeños grupos dispuestos a todo

Milei ha rechazado todo nexo con la organización responsable del atentado y no es un acto de ingenuidad creer ese rechazo. Pero sucede que su discurso contra lo que llama la casta política es idéntico al de quienes se sienten defraudados y afirman que los políticos están solo para “llenarse”, como me responden cada vez que, por la calle, pregunto a desconocidos. Contestan con el rencor de quienes están dispuestos a todo, aunque, finalmente, no actúen ni se encolumnen en marchas “porque no vale la pena, ya que son todos iguales”. Los descontentos desorganizados, renuentes a intervenir, ¿cuántos de ellos pueden convertirse en apoyo de quienes intervengan?  

Por otra parte, cierto extremismo formalista de los discursos, como el que cultiva Milei, es accesible y vindicatorio. Milei no está dispuesto a todo, solo quiere ganar elecciones. Pero quienes lo escuchan, pueden confundirse con su tono sencillo y agresivo. El rechazo a los políticos es el recurso en última instancia de quienes están frustrados por promesas fáciles e ilusiones perdidas.

Por eso es peligroso el caldo en que se cocinó el atentado a Cristina Kirchner. Como el fascismo, sus responsables “desprecian las ideologías y las concepciones racionales de la vida y de la política; exaltan la acción como único criterio para afirmar las propias convicciones”. La cita es de Emilio Gentile, autor de La marcha sobre Roma, aterradora historia del ascenso de Mussolini, publicado por Edhasa en 2014.

En pedazos. Para decirlo sencillamente, pisamos un territorio cuyo subsuelo está resquebrajado en fragmentos que, por razones diferentes, insultan a la política, a la lentitud e ineficiencia reformistas, a los largos trámites de las instituciones. La chispa ideológica de esas diferentes razones proviene de activistas de capas medias, pero su sencillez capta voluntades entre los millones de argentinos que sufren.

La corrupción nos partió la columna

Las capas medias defienden algunas de sus conquistas, que se expresan en cifras: el gasto el dólares por viajes y pasajes, por ejemplo, en un año alcanzó los 4.100 millones de dólares. Pero la coalición de capas medias indignadas y el sufrimiento de los desposeídos es un peligro extremo. Los pobres no pueden viajar a Miami, y una reciente disposición les impide comprar dólares en el caso de quienes reciben subsidios. Son desigualdades que pesan simbólicamente, aunque ninguno que reciba un subsidio esté planificando un viaje a Miami. Desigualdades que ponen a la vista una injusta distribución de recursos.

También el fascismo movilizó masas que vivían en la indigencia, a quienes les ofreció un modo mágico para liberarse de sus necesidades. Con ecos que suenan en la Argentina casi un siglo después, Mussolini dijo mientras marchaba sobre Roma: “Hay que echar a los politicastros pusilánimes e ineptos”. No somos tan originales.

Cortes y quebradas. Sin embargo, podemos reclamar la inflación como rasgo de nuestra originalidad. Fracasaron todos: desde el Plan Austral, diseñado por el diestro equipo de economistas dirigido por Juan Sourrouille, a los que Alfonsín les dio autoridad y confianza, hasta las maniobras de variopintos ortodoxos, liberales y neoliberales. La inflación argentina es como el tango: inimitable por su ritmo y sus figuras. Como sucede con el tango, atraviesa cortos períodos en que parece borrarse, pero regresa.

En ocasiones, otros países imitan nuestro ritmo, pero perciben que no nacieron para eso y cambian. Llegan nuevos ritmos a la Argentina, pero como una música de fondo que busca el primer plano, la inflación vuelve con sus cortes y quebradas. La inflación de agosto fue del 7% y se anticipa algo parecido para septiembre.

Últimas noticias del naufragio

Si se miran los números de 2021, según datos del Banco Mundial, un solo mes de inflación argentina está a décimas de la inflación anual de Brasil y es idéntica a la de doce meses en Uruguay. Somos la gran excepción, y seguimos distinguiéndonos.

Estos son algunos de los motivos que ofrecen a su auditorio los discursos del subsuelo que se están oyendo en la ciudad. Son discursos hiperpolíticos que fingen ser antipolíticos. La Argentina no solo está en pedazos.

Ahora vemos que debajo de esos pedazos, utilizando su cólera y su fuerza, hay pequeños grupos dispuestos a todo. Comenzaron con un atentado. Pero no se trata solo de Cristina. Lo que impugnan es lo conseguido desde que terminó la última dictadura. Prenden en quienes, por su juventud no pudieron conocerla y, por su despolitización, no están enterados de sus crímenes o los pasan por alto.

Está en juego el país que se armó después de 1983. Cristina Kirchner hizo un llamado al diálogo el jueves pasado y, en el mismo discurso, declaró que no será candidata en las próximas elecciones presidenciales. Wado de Pedro prepara un “espacio de diálogo”. Difícil que se sumen los responsables del atentado a la vicepresidenta. Uno de los integrantes declaró que si pudiera matarla pasaría a la historia. En eso no se equivoca el asesino potencial.