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1-11-2020-Logo Perfil
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Una Punta del Este vedada marca un verano inimaginable.

Para algunos argentinos, el Río de la Plata pareció convertirse en una suerte de muro de Berlín –cuando había dos Alemanias, obviamente– que separaba un país como “cuarentasfixiante” de otro con “libertad”. Y el epicentro de ese mundo ideal era Punta del Este. Pero allí también “pasaron cosas”.

Como hace casi dos meses informó Espía, el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou estudiaba cerrar las fronteras dado que su equipo sanitario preveía un crecimiento de los contagios por coronavirus. En ese entonces, la fecha era del 22 de diciembre al 3 de enero de 2021. Finalmente, el número de casos extendió la veda de ingreso a extranjeros sin residencia hasta el 10 de enero, junto a una batería de medidas que incluyó número máximo de personas que podía reunirse y hasta, en Montevideo en particular, facultar a los choferes a bajar del micro o colectivo a quien no use tapabocas.

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Esta situación hizo que entre el 21 y el 22 de diciembre el aeropuerto de Punta del Este tuviera una alta actividad, sobre todo de vuelos privados. También que los centros de testeos de coronavirus que se montaron, por ejemplo en el estacionamiento del casino Conrad, fueran un epicentro de alto tránsito.  

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Igualmente hasta esa fecha hubo algunos discretos “eventos” con todos los protocolos respectivos. Pero si para los argentinos la “veda” sanitaria obligó a reprogramar la logística de las vacaciones 2021, a los puntaesteños mucho más.

¿Medidas más estrictas?

El rumor que circula desde hace una semana acerca de que hay idea de imponer hasta toque de queda después de medianoche preocupa más por cómo eso afecta a la imagen del balneario premium uruguayo que a cómo se instrumentará. Dada su extensión, ya es difícil hacer cumplir la medida de reunión de 10 personas como máximo.

Las autoridades locales esperan que Lacalle Pou levante la veda el 10 de enero porque con el turismo de los montevideanos, Punta del Este no cubre el mínimo de lo que el balneario preveía recaudar en una temporada “normal”.

Las dudas sobre qué pasará después de esa fecha solo dependen de otras cifras, las de los contagios posfestejos. Y también de la conducta de locales, turistas y habitués para comprender la situación. Por eso, la intendencia de Punta del Este puso helicópteros para que hagan vuelos para ubicar posibles fiestas clandestinas desde el pasado 31 de diciembre y hasta, en principio, hoy domingo 3 de enero de 2021. 

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Recalculando

En Punta del Este varios lugareños y habitués argentinos y locales en un punto ven como un “alivio visual” –o escenográfico– que Giuseppe Cipriani haya decidido modificar la fisonomía del megacomplejo hotelero y casino que pensaba construir en el predio que ocupó el mítico y venido a menos hotel San Rafael, en La Brava.

Si bien el desarrollo llevaba la firma del famoso arquitecto uruguayo Rafael Viñoly, la obra –para muchos– atentaba contra el eslogan “Uruguay Natural” que publicita el país vecino. El motivo de este cambio de proyecto, según se dice, será menos ambicioso y demandará una inversión menor a los 450 millones de dólares que se anunciaron en diciembre de 2019. El motivo sería “échale la culpa al coronavirus”, es decir, la pandemia llevó a afilar el lápiz y a repensar los costos.