26 sep 2020
OPINIóN |Economía
lunes 14 septiembre, 2020

Los pensadores clásicos, la teoría del valor y el impuesto a las ganancias

A raíz de de la novedad de eximir de pagar el Ganancias a trabajadores de la salud y seguridad, quedaron a la luz otros casos que tienen que seguir tributando, incluso a pesar de encontrarse suspendidos o sin trabajar.

Ingeniería Foto: Shutterbug75 /Pixabay

A raíz de una reciente medida que se tomó por la pandemia, por la cual se resolvió eximir de pagar el Impuesto a las Ganancias en los sueldos de los trabajadores de la salud y del área de seguridad, quedaron a la luz otros casos de empleados que tienen que seguir tributando, incluso a pesar de encontrarse suspendidos o sin trabajar durante la extendida cuarentena. 

Lo que quedó entre paréntesis por la pandemia económica

Desde el mes de enero, pagan Ganancias  los trabajadores solteros que cobran de sueldo mensual neto (de bolsillo) más de $ 59.866,23, los  casados más de $ 69.488,85 y casados con dos hijos cuando superan
$ 79.194,29. Para el cálculo de la retención, se consideran todos los conceptos que percibe el trabajador: el sueldo bruto;  los adicionales; las horas extras; los premios; el aguinaldo; los rubros no remunerativos, e incluso algunas indemnizaciones. Tratando de justificar este impuesto, en momentos en que suenan ruidos de posibles reformas, una manera de hacerlo es llegar hasta las bases de la teoría objetiva de valor, definida por los clásicos. Según Adam Smith el precio real de cualquier cosa, o lo que realmente cuesta en el momento de adquirirse, es la fatiga y el trabajo realizado destinado para poder hacerse de ella. Entendía que el trabajo era la calidad de medida exacta para cuantificar el valor de las cosas. Para él, el valor era la cantidad de trabajo que uno podía recibir a cambio de la mercancía que entregaba. Acercar esa idea primitiva al capitalismo o libre mercado actual es difícil, se podría afirmar que la única expresión que tiene el libre mercado contemporáneo se da únicamente en la economía informal. Según Marx el trabajo individual no es 'valor' por naturaleza, es lo que produce valor exclusivamente por la organización social en el cual se emplea. Una característica intrínseca del trabajo es producir, crear, transformar, pero el hecho de que el valor de las mercancías se mida por el tiempo de trabajo socialmente necesario empleado en ellas se debe al estadio histórico alcanzado de desarrollo económico de los diversos Estados, de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción de un determinado modo de producción. En la actualidad, en la relación individual o social de capital-trabajo se inmiscuye el Estado a través del Impuesto a las Ganancias, ordenando que el empleador retenga parte del sueldo del trabajador y se lo entregue a la AFIP, rompiéndose de esta forma la ecuación definida por cada uno de ellos. Sintetizando, se rompió la relación capital-trabajo del trabajo social incorporado (según Marx) y valor relacionado con el esfuerzo individual para obtener los bienes (según Smith), porque apareció otro actor (Estado) que se queda con una porción del esfuerzo. Podría decirse que aparece como una nueva plusvalía.  

El Covid19 y un cambio en el paradigma económico

Las dos miradas no contemplaban al Estado metido en el medio del dador de trabajo y del trabajador. Lo mismo sucede con la teoría de valor Ricardo, en la que aparecen los factores de producción, donde el Estado tampoco aparece como un actor. En Keynes, sí está presente el Estado, pero al único efecto de empujar a la economía, pero para poder reducir la desocupación; no lo hace para retirar parte de la riqueza que surge de las relaciones laborales. Saliendo de la teoría objetiva de valor e ingresando a la subjetiva, los Marginalistas que le daban importancia a las preferencias y a lograr el famoso punto de equilibrio, tampoco incluían en sus modelos de curvas donde figuraba el precio del trabajo a la porción que se lleva actualmente el Estado con el impuesto. Mirando la historia del país, el conocido fifti-fifti, de la doctrina Peronista (50% para las empresas y 50% para los trabajadores), tampoco contemplaba la idea de que se rompa esa ecuación con el Impuesto a las Ganancias.
En estos últimos 15 años en el país,  donde hubo gobiernos que en teoría decían representar algunas de esas miradas, el Impuesto a las Ganancias se vino aplicando en los sueldos inexorablemente. Apareció sin hacer mucho ruido luego de las devaluaciones del 2002, junto a la inflación y a las negociaciones paritarias que ocurrieron desde entonces. Pero, con el argumento de la ley de emergencia pública, de que no podían contagiarse de inflación ninguna de las variables de la economía, arbitrariamente se actualizaron esporádicamente las deducciones y las tablas de Ganancias.

Reforma Tributaria: y si volvemos a los principios

El Estado, muy consciente de lo que pasaba, durante el año 2004 mediante una Resolución (436) del Ministerio de Trabajo modificó elevando los porcentajes de retenciones que podían sufrir los empleados en sus sueldos, pasando del 30% sobre la remuneración para cubrir las cuestiones previsionales e impositivas al 55% para el mismo destino, aceptándose casi la confiscación de los sueldos. De esta forma, año tras año, los impuestos fueron afectando cada vez más a las relaciones laborales. Actualmente, por los efectos de la pandemia que afectó a la economía, afecta a los “retiros voluntarios”, tanto en la administración pública como en las empresas privadas, en los cuales únicamente queda exento lo que hubiera correspondido cobrar legalmente de indemnización laboral. También hay acuerdos de desvinculación laboral homologados en el Ministerio de Trabajo, ajustes retroactivos de jubilaciones y prestaciones previsionales, que tienen cada uno de ellos sus consecuencias tributarias. Incluso las indemnizaciones dobles que se pagan, salvo la del rubro antigüedad, están alcanzadas impositivamente. El preaviso, las vacaciones no gozadas, el excedente legal (topes de convenio o lo que supera el 67% del sueldo para los que están afuera de convenio) de la indemnización por antigüedad, a pesar de que constituyan resarcimientos y no rentas, sufren las retenciones del impuesto.    

De esta forma estamos en presencia de una nueva “teoría de valor” moderna, en donde la relación laboral no se circunscribe exclusivamente al capital y al trabajo. Ingresa, como tercer actor, el Estado para sacar una tajada.


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