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UN TIEMPO NUEVO

Las PASO y los frentes

Los peronistas están presos en la jaula de las primarias. No podrán armar una alternativa exitosa si no se libran de un kirchnerismo que los arrastra al abismo. Si no hay PASO, puede conformarse un nuevo escenario en el que Cristina pierda el poder que le queda. Para la oposición, la eliminación de las PASO es un problema. Existen sistemas partidistas que funcionan como los sistemas binarios estelares que se forman cuando dos estrellas están tan cerca como para ligarse a un centro de masa común por su fuerza gravitatoria, pero se mantienen lo suficientemente lejos como para no colisionar. El sistema funciona solo si existen las dos estrellas y desaparece si una de ellas no está.

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Una semana de crosses de derecha. | Pablo Temes

Lo que faltaba para acabar con el kirchnerismo era eliminar las PASO. El gobierno de la hidra con tres cabezas ha sido desastroso. Un país presidencialista no funciona con un presidente nombrado y manejado por su vicepresidenta.

El Frente de Todos está en problemas. Todos los estudios registran que Cristina Fernández tiene la peor imagen de los últimos veinte años. Todo es posible en política, pero es casi imposible que con esas cifras pueda ganar las elecciones.

Su credibilidad se ha derrumbado en el país, en la Provincia e incluso en su bastión de La Matanza. No podrá recuperarse en el corto plazo. Pasa lo mismo con Alberto Fernández, Máximo Kirchner, Sergio Massa y otros dirigentes de su espacio, que aparecen como los políticos peor evaluados del país.

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A pesar de sus peleas estrepitosas, el kirchnerismo-peronismo (KP) ha terminado siempre unido para ganar las elecciones. ¿Pero qué puede pasar cuando se ha generalizado entre ellos la sensación de que se van hacia una derrota inevitable?

Para ser alternativa, la propuesta de la oposición debe ser algo más que ordenar el caos

Algunos creen que existen políticos que prefieren perder las elecciones para impulsar un programa a largo plazo Esto no suele ser así. La mayor parte de ellos tiene poca capacidad de pensamiento estratégico. Hacen lo posible para ganar mañana. Cegados por las hojas, no suelen ubicarse en el bosque.

La candidatura de Cristina conduce a la derrota y los KP saben que no podrán repetir el experimento de hace cuatro años, cuando ganó el binomio Fernández-Fernández, en el que participaba la presidenta que mandaría en realidad. Los países presidencialistas suelen elegir líderes que parecen presidentes, no títeres.

Es imposible ganar con otro Alberto. Después de lo ocurrido con este gobierno, no habrá muchos que voten por un presidente manejado por Cristina, peor si ella no está en la fórmula presidencial y es candidata a senadora para conseguir fueros que perderá cuando el nuevo presidente permita que los anulen. La experiencia histórica dice que todo mandatario nombrado por otro líder mata a su mentor si tiene personalidad. Ha pasado en todos los países y ciudades que he estudiado.

Los peronistas pueden armar un proyecto para volver al poder solo si se independizan del kirchnerismo, vuelven a sus raíces y arman un binomio que los represente. Tendrán espacio si los K, la oposición y Milei se radicalizan.

El malestar de los peronistas es evidente. Varios gobernadores quieren desdoblar las elecciones provinciales para evitar el desgaste de Cristina. Si creen que con eso pueden ganar la presidencia, romperán con quien sea necesario.

No está claro todavía si Mauricio Macri competirá por la candidatura presidencial

El izquierdismo postizo de algunos kirchneristas que no militaron en los 70 ni combatieron a la dictadura, y compraron una camiseta por oportunismo político, nada tiene que ver con el peronismo de Perón. Ese ha sido un movimiento con raíces importantes en la historia argentina, que nunca se vinculó con Cuba ni con la URSS. El Partido Comunista apoyó los golpes militares que derrocaron al gobierno de Perón en 1955 y al de su esposa en 1976.

Los peronistas están presos en la jaula de las PASO. No podrán armar una alternativa exitosa si no se libran de un kirchnerismo que los arrastra al abismo. Si no hay PASO, puede conformarse un nuevo escenario en el que Cristina pierda el poder que le queda.

Para la oposición, la eliminación de las PASO es un problema. Existen sistemas partidistas que funcionan como los sistemas binarios estelares que se forman cuando dos estrellas están tan cerca como para ligarse a un centro de masa común por su fuerza gravitatoria, pero se mantienen lo suficientemente lejos como para no colisionar. El sistema funciona solo si existen las dos estrellas y desaparece si una de ellas no está.

Ocurrió en México con el PRI y el PAN, en Chile con la Concertación y la alianza de derecha, en Perú con Acción Popular y el APRA y en muchos otros casos. La oposición argentina se identifica como lo opuesto al proyecto KP; si este desparece, puede perder su sentido.

Para ser alternativa de poder, la oposición debe forjar una identidad positiva, con sentido en sí misma, superando su condición de mera alternativa del kirchnerismo. Lo hizo el PRO en la Ciudad de Buenos Aires, con una administración integral progresista que cambió la Ciudad desde 2007, sin mantener como referencia a Aníbal Ibarra.

La unidad se consolidará si elaboran una propuesta integral de transformación, que no consista solamente en ordenar el caos provocado por el actual gobierno, detener la inflación y ordenar la economía.

De la transformación al caos

Más allá de disputas entre los candidatos que quieren correr en las próximas elecciones, el mundo sigue cambiando a una velocidad vertiginosa. La gente sufre y experimenta las consecuencias de esa transformación. Más de la mitad de las ocupaciones que existen desaparecerá en cinco años, la robótica y el desarrollo de la inteligencia artificial construirán un mundo desconcertante. Hay que rediseñar la sociedad desde la base, educar a los niños para que puedan subsistir en una realidad que ni siquiera podemos imaginar.

Las PASO ayudan a mantener la unidad, pero no lo son todo. Se necesitan candidatos con serenidad para competir sin caer en el agravio personal, que forjen un proyecto que convoque a los que están más allá de la política. Es necesario unir en vez de dividir.

Mientras no se celebren las elecciones, no se puede saber cómo será el futuro Congreso y cuáles serán los límites de lo posible. Castillo y Lasso trataron de imponer su programa, atraviesan una fase terminal, Boric vive algo semejante. Petro, político con oficio, exalcalde de Bogotá, construye consensos incluso con sus adversarios tradicionales. Lula actúa de manera semejante.

Hay discrepancias entre los candidatos del frente porque hay algunos dirigentes capacitados para competir, que se formaron en casi veinte años de trabajo político y gestión. Decenas de ellos han participado del proyecto y están preparados para el trabajo político. Conozco a muchos de ellos desde hace años, fueron parte de equipos con los que compartí experiencias valiosas.

Diego Santilli, Cristian Ritondo, Jorge Macri, Martín Lousteau, Rogelio Frigerio, Luis Juez y muchos otros compiten para distintas funciones. Algunos otros miembros del frente han realizado obras importantes, no solo en la CABA sino también en provincias como Mendoza, que fue gobernada por Alfredo Cornejo.

Están de candidatos a la presidencia Horacio Rodríguez Larreta, dos veces jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que condujo una gestión aprobada por la mayoría de los argentinos y porteños; Patricia Bulrich, ministra de Seguridad, que combatió eficientemente a los terroristas disfrazados de mapuches y al narcotráfico, y María Eugenia Vidal, que gobernó con entereza y honradez la provincia de Buenos Aires enfrentando a mafias de narcotraficantes y dirigentes sindicales que están quietos por la bonanza en que viven sus afiliados en este gobierno.

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Es bueno que compitan civilizadamente, sin caer en peleas y debates públicos que no interesan a la gente normal, peros sí a sus adversarios, que quieren manipular la información para atacarlos. Si llegan al poder, más allá de quiénes sean candidatos, ojalá colaboren todos con su capacidad y experiencia. Menciono solo a los que conozco personalmente y me consta que tienen esas capacidades.

Sería interesante que se mantenga la unidad de las dos grandes coaliciones políticas y que compitan por el poder, pero eso no está garantizado. Ambas albergan en su interior fuerzas que pueden dividirlas, que es lo que ha ocurrido desde el fin de la pandemia en la mayoría de los países en los que han ganado los comicios outsiders.

No está claro si Mauricio Macri competirá por la candidatura presidencial. Es quien fundó esta alternativa y trabajó durante más de una década para que existiera. Si participa, sería un candidato con todas las ventajas y problemas de haber ejercido la presidencia de la nación. En todo caso sería mejor que fuera candidato porque si aparece un nuevo Cristino que quiere manejar a un títere hundirá a cualquier candidato.

Cuando se celebraron las elecciones en Brasil, me llamó un periodista importante para preguntarme si era cierto que Macri esperaba la autorización de Bolsonaro para felicitar a Lula. Le dije que no había hablado con él, pero que es un personaje de un nivel superior respetado por Macron, Obama y muchos estadistas del mundo, que no necesita la autorización de un capitán fascistoide para felicitar a nadie.

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Llegaron pronto a Brasil las felicitaciones de muchos presidentes y personajes importantes, y también las de Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, líderes políglotas, que han vivido o estudiado en universidades importantes del extranjero.

Bolsonaro, como lo demostró esta semana, es un personaje totalitario, incapaz de reconocer su derrota, que no quiere dirigir una transición democrática normal, usando a los camioneros para chantajear a la sociedad. Solo conozco a dos expresidentes que actuaron de manera semejante, en Estados Unidos y Argentina. Menos mal que no se apoyaron en los camioneros, que habrían ayudado.

Cuando Bolsonaro votó por la destitución de Dilma Rousseff, lo hizo “en homenaje a las fuerzas armadas y al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra”, uno de los peores torturadores, que había martirizado a la propia presidenta durante la dictadura militar. El capitán no ha podido aclarar el asesinato de Marielle Franco, mujer negra, militante por los derechos humanos, que murió por acción de bandas paramilitares vinculadas a su familia, que exterminaron también a delincuentes, gente pobre y activistas ecologistas. Su importante fortuna y la de sus hijos no tiene explicación, sus seguidores levantan el brazo saludando como nazis durante las manifestaciones con las que obstruyen las vías para impedir la transición democrática.

No es el modelo para la Argentina del futuro. Ninguno de los políticos o intelectuales de primer nivel con los que he conversado en estas semanas apoya a este oscuro personaje.

*Profesor de la GWU. Miembro del Club Político Argentino.