miércoles 10 de agosto de 2022
COLUMNISTAS fuera del sistema

Anticapitalismo criollo

Los movimientos sociales hoy se han transformado en un competidor político del kirchnerismo con cuyas bases coinciden.

La caída del Muro de Berlín, no solo significó la disolución de la Unión Soviética y la dispersión de los estados tras la cortina de acero, sino que implicó la disolución de una idea que dividió al mundo en dos mitades a lo largo del siglo XX: el socialismo.

Utopías. Friedrich Engels en su texto The Development of Utopian Socialism vinculó las primeras ideas de los autores del Socialismo Utópico con los grandes filósofos franceses del siglo XVIII, cuyo primer referente sería el conde Henri de Saint-Simon seguidos por François Fourier y el galés Robert Owen. Si bien para Engels estas figuras representaban al socialismo precientífico es interesante observar a los dos últimos, cuyas ideas no están tan lejos de los planteos anticapitalistas actuales. El economista Fourier propuso la construcción de un sistema de unidades de producción basadas en un cooperativismo autosuficiente. El caso de Owen es más interesante aún, ya que él mismo era empresario y se propuso llevar adelante sus ideas en la gestión de su propia fábrica (las famosas hilanderías New Lanark). Se proponía unificar el mundo agrícola con el industrial instalando viveros en la propia fábrica, así como liberar a los trabajadores de las labores pesadas introduciendo maquinaria moderna, pagando mejores salarios que la media y construyendo viviendas para los obreros empleando las ganancias de la propia fábrica. Por estas ideas (y por rechazar la lucha de clases, para adoptar la fraternización) Owen fue considerado como el padre del laborismo inglés. Las ideas del socialismo utópico quedarían enterradas por la obra de Karl Marx (en especial El Manifiesto Comunista) y luego por el ascenso de la Revolución de Octubre en Rusia liderada por Vladimir Lenin y León Trotsky.

El fin de la ilusión. Con posterioridad a los años noventa y tras la caída de los llamados socialismos reales, los partidos socialistas y los comunistas del mundo entran en un cono de sombra con la pérdida de su base obrera y el giro a la derecha por parte de las clases medias que los acompañaban. Por ejemplo, este año en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia Anne Hidalgo, candidata por el Partido Socialista sacaba apenas 1,7% anunciando su desaparición. En este marco, los partidos anticapitalistas emergen en España, Francia, e Italia, entre otros países. En su concepción ya no buscan una solución de la vía al socialismo tradicional sino una articulación de quienes se consideran fuera del sistema. En la página https://www.anticapitalistas.org/ se explica su fundamento. “Anticapitalistas es una organización política que aspira a construir un movimiento revolucionario internacionalista que transforme profundamente la sociedad actual. Frente a la desigualdad y la injusticia que vertebran el sistema capitalista, defendemos una democracia ecosocialista y feminista en la que el conjunto de la sociedad controle los resortes del poder económico, político y cultural”.

Días de refundaciones imaginarias

¿Cómo arriban en estas playas estas consignas? En lo conceptual existe una tradición antiempresaria en Argentina. La mirada sobre las empresas es de desconfianza. Son vistos más como aves de rapiña que como organizaciones cuya finalidad sea la creación de riqueza. Es cierto que los empresarios no hacen mucho para que la sociedad cambie la óptica viendo las recientes declaraciones de Federico Braun, dueño de los supermercados La Anónima en el foro de la AEA cuya medida para enfrentar la inflación sería “remarcar precios todos los días”. Esta idea de que el empresariado están más cerca de “ser cuatro vivos” que se aprovechan de la población está muy presente, y así lo recuerda cada vez que puede Cristina Kirchner. Por otra parte, la concepción tradicional del peronismo de Perón no estuvo tan lejos del anticapitalismo (aun antes de que el término se creara) ofreciendo a cambio la Comunidad Organizada, mudando el rol de Owen por el del Estado Justicialista.

Vuelta al realismo. La discusión no puede simplemente quedar en el marco ideológico. Cuando en Argentina se habla de un 40% de pobreza estructural también se está diciendo que gran parte de este sector está fuera de la relación salarial, es decir se asienta en la parte no capitalista de la estructura económica que engloba a buena parte de la población. Pero obviamente, dentro del sistema económico, el sector desplazado interactúa permanentemente con la Argentina capitalista, en el mismo acto de comprar un sachet de leche en La Anónima. Esto permite ver otra arista de la inflación como lugar de tensión entre el sector integrado y el no integrado, y como material fundante de la grieta entre espacios políticos parados en el mercado (Juntos por el Cambio, incluida la UCR) y los espacios que piensan que solo es posible desarrollar en un capitalismo de Estado cuyo electorado es precisamente el sector no integrado al capitalismo argentino (kirchnerismo, parte del peronismo). Es claro que no es difícil interpelar a los sectores desplazados con consignas anticapitalistas, y que políticamente se traduce en la demanda de control hacia las empresas, el rechazo a proyectos de minería, y también el pedido de estatización de los servicios públicos.

Pero se debe considerar que el sector desplazado, no paró de transformarse cuantitativamente, para multiplicar su tamaño desde los años 90 (y estallar en el 2001). Ya no son los piqueteros o cartoneros de aquellos días, se han ido organizando en los Movimientos Sociales y últimamente en la llamada Economía Popular, con reclamos y consignas. Estos movimientos con capacidad de movilización y fuerza para obtener ingentes recursos del Estado, hoy se ha transformado en un competidor político del kirchnerismo cuyas bases son coincidentes.  

La novedad es que casi en modo imperceptible estos movimientos (ahora con liderazgos visibles y mediáticos) han conformado un nuevo polo político, y que en la coyuntura sobresale como un subproducto de la crisis dentro del Frente de Todos. La disputa por el manejo de los planes sociales es hoy otro frente de batalla entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández ya que varios de los movimientos sociales son el principal sostén del Presidente. Sin embargo, se observa una coincidencia entre sectores enfrentados del arco político: los planes sociales se han transformado en un obstáculo en el país. Ya han pasado casi treinta años desde los primeros planes Trabajar y está demostrado que nadie salió de la pobreza mediante estas herramientas sociales que siempre fueron pensadas como herramientas transitorias, pero que como tantas cosas, llegaron para quedarse.

Sociólogo (@cfdeangelis)