30 sep 2020
OPINIóN |A 125 años de su muerte
miércoles 5 agosto, 2020

Recordando a Federico Engels, el gran amigo de Carlos Marx

Se conocieron en Colonia, Alemania, en el año 1842, debido a que Federico colaboraba en la revista que Carlos dirigía.

Federico Engels y Carlos Marx Foto: Cedoc Perfil
miércoles 5 agosto, 2020

Federico Engels era joven cuando conoció a Carlos Marx. Esto fue en 1842, en Colonia, Alemania, debido a que Federico colaboraba en la revista que Carlos dirigía.

Federico, hijo de un poderoso industrial textil, había nacido el 28 de noviembre de 1820 en la ciudad industrial de Barmen, escribía poemas y artículos culturales; traducía a Shelley, se entretenía con la esgrima y la equitación, el vino y las mujeres.

Carlos, hijo de un abogado admirador de la ilustración francesa, nacido el 5 de mayo de 1818 en Trier, Alemania, había dejado atrás una vida universitaria –estudios de abogacía en las universidades de Bonn y de Berlín- no exenta de borracheras y peleas, poemas a su amada y un duelo que casi lo deja tuerto.

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En una visita que realizó a la ciudad de Manchester, según la describe en su trabajo “La situación de la clase obrera en Inglaterra” –avalada con documentación oficial y de estudiosos–, Federico comprueba “que los 350 mil obreros de Manchester y sus suburbios habitan casi todos en cottages malos húmedos y sucios; que las calles están en el peor estado y la mayor suciedad, sin ningún cuidado por la ventilación, y dispuestas sólo con vistas a la ganancia del constructor; en una palabra, podemos decir que en las habitaciones de los obreros de Manchester no es posible ninguna limpieza, ninguna comodidad y tampoco ningún confort; que en esas habitaciones sólo una raza no ya humana, degradada, enferma del cuerpo, moral y físicamente rebajada al nivel de las bestias, puede sentirse feliz y a su gusto.”

Federico se mantendrá comunicado con Carlos, ya sea personalmente o por carta, y como resultado de los conocimientos que ambos tenían de la época, llegaron a una conclusión: si hasta ese momento los filósofos habían tratado de entender el mundo, de lo que se trataba ahora era de cambiarlo, por lo que convocaban a los obreros a luchar para destruir al capitalismo y terminar con la sociedad de clases.

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Con esta finalidad, escribieron El Manifiesto Comunista, cuya primera edición, en 1848, fue para uso de los militantes revolucionarios.

“Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. ¡Proletarios de todos los países, uníos!”

Engels nunca dejó de proteger material y espiritualmente a su amigo Carlos, quien nunca trabajó en otra cosa que en sus libros y artículos, que a su vez le reportaron muy poco dinero, tenía problemas laborales a menudo por sus ideas políticas.

Cuando su padre le regaló un caballo, Federico sintió pena porque “mientras yo mantengo un caballo, tú y los tuyos viven al día”, refiriéndose a su amigo Carlos quien le había escrito “que tenía que sacar de la casa de empeño la ropa y el reloj y no puedo dejar a mi familia en el estado de necesidad en que se encuentra, porque no tiene ni un centavo y los acreedores se hacen más exigentes cada día.” 

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Engels reconoció a un hijo que Carlos había tenido con su ama de llaves, le perdonó que no lo haya acompañado ante la muerte de su compañera​ Mary Burns, lo ayudó a publicar el primer volumen de “El capital” en 1867.

Actitudes que Marx reconoce. Después de la muerte de un hijo suyo, Carlos le escribe a Engels diciéndole que su recuerdo y su amistad lo han sostenido siempre, junto con la esperanza de que los dos tenemos todavía algo útil que realizar en  el mundo”.

Las visitas de Federico a la casa de los Marx en Londres constituían un hecho siempre esperado. Su simpatía, generosidad y vitalidad contagiaba a chicos y grandes. Cuando la familia se iba a acostar, los dos amigos se la pasaban fumando, bebiendo y charlando, probablemente, dadas las afinidades existentes entre ellos, sobre temas vinculados con todo aquello que los pudiera ayudar a comprender al hombre y a la sociedad.

Cuando Carlos Marx murió el 14 de marzo de 1883, Engels despidió con estas palabras a su compañero de trabajo durante tantos años: “Así como Darwin descubrió las leyes de la evolución en la naturaleza orgánica, Marx descubrió las leyes de la evolución en la historia de la humanidad: descubrió el sencillo hecho de que la humanidad debe ante todo comer y beber, vestirse y tener un albergue, antes de que pueda dedicarse a la política, a la ciencia, al arte, a la religión…”

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Engels cuidó celosamente los principios de la ideología marxista sin alejarse de las tareas orgánicas del movimiento. Permaneció atento al congreso celebrado en París durante la Exposición universal de 1889, que declaró el 1º de mayo día de la defensa de la jornada laboral de 8 horas.

Gloria viviente, Engels jamás perdió su modestia. Cuando fue ovacionado en un congreso  internacional celebrado en Zurich, -quizás por su papel en la formación del pensamiento de Marx fundamentalmente en la economía política, su conocimiento de la sociedad inglesa, así como de la fuerza revolucionaria del proletariado, supo precisar que Marx era el único padre ideológico del comunismo

A sus tareas políticas, Engels, que hablaba y escribía en varios idiomas, añadió la de editor y revisor de las obras de Marx, -entre ellas los tomos 2 y 3 de “El capital” en 1885 y 1894-, sin renunciar a la compañía de destacados intelectuales y activistas políticos, a quienes solía invitar a su casa en Londres para charlar a gusto, comer sabroso, beber buenos tragos y cantar viejas canciones.

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Federico Engels murió un día como hoy, 5 de agosto, del año 1895, a los 74 años, por un cáncer de esófago. Sus restos fueron incinerados y sus cenizas lanzadas al mar. En su testamento, había dejado dinero a las hijas de Marx y al Partido, cuyos trámites encargó a un compañero, a quien le escribió: “Cuando lo hayas hecho, no olvides de tomarte un buen vinito en mi memoria”.


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