19 oct 2020
OPINIóN |Política
lunes 28 septiembre, 2020

Diputados: llegó la hora de pensar un cambio real

Como está diseñado el sistema electoral argentino hoy, tranquilamente el diputado que renunció la semana pasada podría en la próxima elección aparecer en el puesto 14 o como suplente, y más de uno que hoy se indigna lo volverá a votar sin darse cuenta.

Cámara de Diputados. Foto: CEDOC

La sesión del jueves 24 de septiembre la Cámara de Diputados de la Nación fue la más vista en mucho tiempo, reproducida por medios locales e internacionales. Un nuevo papelón se anota en el historial de la Cámara Baja. El escándalo en tenor fue tan alevoso que forzó la renuncia de un diputado, bajo amenaza de ser expulsado por sus colegas si no presentaba renuncia, algo que desde 1983 a hoy sucedió muy pocas veces. Los políticos en general, y los diputados y senadores en particular, son reacios a autocastigarse, y ante escándalos que ellos consideran menores suelen actuar de forma más corporativa y se protegen unos a otros. Si nos ponemos a hilar fino, vamos a encontrar más de un legislador nacional con causas graves en la justicia, con escándalos institucionales serios y con papelones en su haber que no necesariamente ponen en jaque la institucionalidad o el decoro, pero sí muestran la (baja) calidad de muchos legisladores. Dicho esto, vale también ponderar a los otros legisladores (que uno espera sean mayoría). Hay 257 diputados y 72 senadores, más el Vicepresidente de la Nación que oficia como Presidente del Senado. Un total de 330 personas que trabajan haciendo leyes, más asesores e invitados a debates de Comisión. Y los que llaman la atención por los papelones y problemas judiciales son unos pocos de todos estos. También, hay que remarcar que no somos los únicos que mezclamos política con papelones farandulescos. Para no irnos muy lejos, hace no mucho los diputados en Brasil casi terminan a golpes de puño tras insultarse un buen rato y en Paraguay, emulando a Nelson Vivas, un diputado destrozo su camisa mientras daba un discurso, evidentemente sin controlar su temperamento.

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Pero vale la pena decirlo, estas cosas seguramente vayan a seguir sucediendo. ¿Por qué? Porque el sistema de elección que tenemos no da incentivos a la rendición de cuentas de nuestros representantes, a lo que en la Academia llaman accountability vertical. ¿Qué es esto? El “castigo” que el elector puede hacer al elegido cuando éste debe renovar su banca, la posibilidad de hacerlo rendir cuentas por sus actos durante su último mandato. Como está diseñado el sistema electoral argentino hoy, tranquilamente el diputado que renunció la semana pasada podría en la próxima elección aparecer en el puesto 14 o como suplente, y más de uno que hoy se indigna lo volverá a votar sin darse cuenta. Ningún argentino puede hoy decir el nombre de todos los legisladores que votó en las últimas elecciones. Arrancando por mí, que me dedico a la consultoría política. Simplemente la lista es demasiado larga, y a lo sumo se leen los primeros (con suerte) 5 nombres. Entonces, ¿existe alguna forma más efectiva de reprender a los representantes cuando estos no se comportan como es debido, o más, cuando votan en contra de los intereses de sus votantes? Sí, existe, y ya existió en Argentina en su momento: la circunscripción uninominal. ¿Este sistema electoral solucionará todos los problemas de Argentina? No. De hecho, sólo cambiaría la forma en que se eligen diputados. Pero a mi juicio traería varios beneficios. En primer lugar, daría al votante una forma más eficaz de controlar a quien lo representa. Tendría la posibilidad cierta de que si su representante no va nunca a las sesiones, va pero a leer el diario o jugar con el celular, hace cosas indecorosas frente a la cámara de su computadora en plena sesión virtual (que pueden no ser sólo escenas algo eróticas) o se queda dormido, por citar ejemplos recientes, el votante pueda castigarlo con el voto. Otro beneficio sería el caso de Alfredo Palacios: el primer legislador socialista de América, como se lo conoce, llegó a la banca a través de este sistema en 1904. ¿Cómo lo logró? Siendo electo en la circunscripción uninominal de La Boca, Ciudad de Buenos Aires. En las elecciones pasadas a la de su elección, con otro sistema, el voto socialista de La Boca se diluía entre el total de la Ciudad, y nunca llegaban a tener un representante. Al disminuir el tamaño de la circunscripción uninominal, las pequeñas representaciones locales tienen mayor posibilidad de acceder a la Cámara.

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¿De qué se trata entonces? Paso a explicarlo brevemente: en vez de elegir en cada elección un listado interminable de nombres, se divide al país en tantos distritos como bancas a ocupar, y cada uno elige UN diputado. En la división se tiene en cuenta el territorio, la población y todos los parámetros para respetar los mandatos constitucionales, pero lo que quiero remarcar nuevamente es que cada distrito elige a UN diputado. Entonces, cada ciudadano, cada argentino, tiene UN representante directo en el Congreso. De esta forma, si tú representante, llamémoslo Juan Pérez, vota negativamente a proyectos que vos apoyas, se comporta de manera indecorosa, no va a las sesiones o no presenta ningún proyecto, vos lo vas a poder controlar mucho mejor. Vas a poder ver su historial de los últimos cuatro años y decidir si lo premias reeligiéndolo o elegís otro representante, más acorde a tus demandas. Aumenta así el accountability vertical. También, si tu diputado comete algún acto que fuerza su renuncia causando cierta indignación social y en sus votantes en particular, no podrá colarse en futuras elecciones en el puesto 18 de una lista o como suplente. De querer volver a una banca, deberá ser reelecto él, y no estar escondido en una lista sábana. Así, haciendo un breve racconto, contamos entre sus beneficios una representación más directa y proporcional de las minorías (siempre que estas estén concentradas en algún distrito), una relación más cercana representado-representante y una mayor accountability vertical.

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Nobleza obliga, este sistema no es perfecto, y viene con una trampa. Se llama Gerrymandering, y es dibujar las secciones electorales de manera tal que favorezcan o perjudiquen a determinado partido. Veámoslo con un ejemplo: si en Villa Crespo hay muchos votantes de mi partido y en Palermo hay pocos, dibujo las secciones electorales para que en vez de que Palermo y Villa Crespo sean dos distritos distintos y sólo entre un diputado de mi partido, estén mezclado entre sí y mis votantes de Villa Crespo se impongan a los de Palermo, entrando dos diputados de mi partido al Congreso y diluyendo los votos del otro partido. Para hacerle frente a esto será importante una vez más el control ciudadano por un lado y por el otro la independencia de la autoridad electoral que defina los distritos. Sabemos que las instituciones fuertes no son una característica de nuestra democracia, pero esta sería una forma más de incentivar a la ciudadanía a estar activa en política controlando al poder.

Esta columna no buscaba sólo llamar la atención sobre un nuevo papelón que la pandemia y la virtualidad se ocuparon de dejar al descubierto. Busca también proponer una solución, una alternativa viable al debate. Sabemos que difícilmente una columna de opinión empuje una modificación de la ley electoral, pero introducir términos y distintos sistemas electorales como opciones viables al debate público es el primer paso para lograr un cambio real.

Roberto Nolazco. Politólogo, UCA.


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