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OPINIóN / Política en pandemia
miércoles 6 mayo, 2020

La eterna puja en el poder

Inmersos en la gran crisis a la que el coronavirus nos llevó, que abarca desde el aislamiento social, economía en baja y alertas en salud... las fichas se mueven de manera frenética.

Alberto Fern√°ndez y Cristina Kirchner recibieron una vez m√°s el respaldo del mundo del f√ļtbol. Foto: NA
miércoles 6 mayo, 2020

Este es, sin lugar a dudas, el peor momento del Presidente Alberto Fern√°ndez desde que empez√≥ la pandemia de coronavirus. Acaba de echar de la ANSES al responsable m√°ximo del viernes negro, que expuso en la calle y por impericia, a millones de personas de alto riesgo, api√Īados para cobrar infructuosamente su haber.

Previamente, una serie de episodios obligaron al Presidente a un zigzagueo dialéctico tratando de enmendar situaciones conflictivas, algunas producto de sus propios desaciertos: desde el anuncio luego desmentido de las salidas recreativas en la cuarentena, que despertó la reacción de gobernadores -hasta ese momento aliados incondicionales-, los errores en materia de relaciones exteriores (enfrentamiento gratuito con Chile, prácticamente deserción del Mercosur, etc.) , más la ausencia de mención alguna sobre estrategias para encarar la emergencia económica.

El camino cr√≠tico comenz√≥ a agudizarse cuando su secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla, solicit√≥ (sin avisarle a su superior la Ministra de Justicia) la prisi√≥n domiciliaria para el corrupto confeso Ricardo Jaime, para Mart√≠n B√°ez, entre otros, hecho no desautorizado por el Presidente, quien convoc√≥ a Pietragalla, lo que se pod√≠a inferir como para una reprimenda, pero posteriormente convalidado.

Y finalmente, el esc√°ndalo de la liberaci√≥n de presos, que gener√≥, al fin, la reacci√≥n por parte de la poblaci√≥n, con un cacerolazo memorable, el mayor en muchos a√Īos, por todo el pa√≠s.

La escalada comenzó con la salida de la cárcel de Amado Boudou, decidida por el juez Daniel Obligado, y previamente con la autorización descontrolada del uso de celulares dentro de las prisiones, pasaporte inevitable a amenazas, organización de motines, como así también a retornar a la modalidad de secuestros extorsivos inexistentes.

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El Presidente pudo haber objetado la oleada de prisiones domiciliarias con alg√ļn repudio al beneficio otorgado al ex vicepresidente Boudou, por ejemplo, o bien podr√≠a no haber convalidado la actitud de Pietragalla, o la vergonzosa negociaci√≥n con los presos amotinados en la c√°rcel de Villa Devoto, gesti√≥n encabezada por el Viceministro de Justicia de la Naci√≥n, Juan Mart√≠n Mena. No lo hizo y opt√≥, en cambio por echarle la culpa a los medios, emitiendo una ya conocida se√Īal de intolerancia, omnipresente en  las administraciones kirchneristas. Ante esta circunstancia, en todos los penales de la Argentina, miles de detenidos se empezaron a preguntar: ¬Ņpor qu√© Boudou s√≠ y yo no?

La administración de Alberto Fernández debía haber percibido que se había gestado una crisis innecesaria, a causa de los beneficios carcelarios otorgados generosamente, principalmente en la provincia de Buenos Aires, de cuyas cárceles, desde el 17 de marzo salieron 2.244 presos.

Varios dirigentes afines s√≠ lo advirtieron. Sergio Massa habl√≥ de "jueces irresponsables" y advirti√≥ que "las penas est√°n para ser cumplidas". En la provincia de Buenos Aires, el ministro Sergio Berni tambi√©n se pronunci√≥ en contra de las liberaciones, pese al  silencio de su gobernador Axel Kicillof (al igual que el de su jefa pol√≠tica Cristina Fern√°ndez de Kirchner). En ese contexto, decenas de miles de argentinos salieron a los balcones a protestar contra la salida multitudinaria de presos.

 

 

El Presidente, así, se choca con un conflicto que expone el delicado equilibrio que le toca ejercitar para la administración de una coalición peronista, al tiempo que se convocaban en redes los cacerolazos y algunas encuestas reflejaban un malestar creciente por la cuestión de los presos. Aclaró entonces, sin demasiado énfasis, que él no favoreció indultos, así como ordenó bajarle el nivel a la negociación con los presos amotinados de Devoto -hasta ese momento dirigida por el propio viceministro de Justicia-. Simultáneamente, voceros oficiales y medios adictos, negaban cualquier intencionalidad del Gobierno en la suelta de presos.

No obstante estas acciones, el costo pol√≠tico que ha pagado el primer mandatario resulta elevado. La cuestiones ser√≠an: ¬Ņporqu√© lo asume? Y ¬Ņcual ser√≠a su alternativa? La primera pregunta que podr√≠a hacerse es: est√° de acuerdo con la movida libertaria y el discurso progre- populista?

Si la respuesta es afirmativa, ya no habría mucho que reflexionar, pues estaría en línea con la sucesión de hechos, tal como se viene desarrollando, esto es, una creciente avanzada en la conocida filosofía K en sus diversos órdenes y toma de posiciones.

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Empero, si la respuesta ser√≠a que su √≠ntima convicci√≥n no concordara con ese curso de acontecimientos, y a√ļn as√≠ llevara a cabo una gesti√≥n que lo lleva a ambig√ľedades y contradicciones, ¬Ņcuales ser√≠an las razones?

Es bien sabido, que su poder político está acotado: el kirchnerismo domina el Senado, y es mayoría en la Cámara de Diputados. A su vez, soldados de la vicepresidenta pueblan las segundas y terceras líneas de las distintas áreas del Gobierno Nacional, organismos descentralizados, intendencias y gobernaciones.

El Presidente obviamente sabe que de enfrentarse con su socia en el poder, la pelea puede ser muy desigual. Pero‚Ķ √©l tiene ‚Äúla lapicera‚ÄĚ. En t√©rminos legales, est√° en condiciones de despoblar, al menos en el √°rea del Gobierno Nacional, a los ac√≥litos ultra K, colocando funcionarios sensatos y de su confianza personal.

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De hacerlo, es de suponer que se expondr√≠a a un abierto enfrentamiento, en el que puede ganar o salir derrotado (incluso ante un posible juicio pol√≠tico que le genere su actual socia, dado su dominio del Parlamento).

No obstante, a√ļn perdidoso, lograr√≠a la adhesi√≥n personal de numerosos dirigentes peronistas no radicalizados, m√°s sectores independientes que hasta ahora no lo habr√≠an votado por la compa√Ī√≠a de la Sra. de Kirchner, m√°s los votos de muchos no peronistas que ver√≠an en √©l una alternativa republicana y sustentable para sacar al pa√≠s de su atolladero.

Quizás, quizás, lo esté pensando. De ser así, la desesperanza no ha ganado por completo.

CP


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